El presidente chino visitó Corea del Norte por primera vez en siete años. La ausencia de toda mención a la desnuclearización fue la señal más elocuente del encuentro.
El presidente chino Xi Jinping concluyó el martes su visita de dos días a Pyongyang tras reunirse con el líder norcoreano Kim Jong Un en lo que ambas partes describieron como el inicio de «un nuevo capítulo» en su relación bilateral. La visita, cargada de protocolo y declaraciones de afecto mutuo, dejó, sin embargo, escasos resultados concretos más allá de un compromiso ambiguo de fortalecer «la comunicación estratégica».
El silencio sobre el arma nuclear
El aspecto más significativo de la cumbre no fue lo que se anunció, sino lo que se omitió: ninguno de los dos gobiernos mencionó públicamente el programa nuclear norcoreano. Rachel Minyoung Lee, del programa 38 North del Stimson Center, señaló que esa ausencia en los comunicados oficiales refuerza la percepción de que Beijing ya no considera viable la desnuclearización y ha optado por priorizar otras cuestiones de seguridad en las que necesita el aval de Pyongyang.
Sin embargo, hubo al menos un indicio de que el tema pudo haber estado presente de forma implícita. Durante un banquete oficial el lunes, la agencia Xinhua citó a Xi expresando el deseo de que «el pueblo coreano cumpla exitosamente los objetivos y tareas» establecidos en el congreso del Partido del Trabajo de febrero, una instancia en la que Kim se comprometió a «expandir y consolidar el poderío nuclear del Estado».
Para Joel Atkinson, profesor de política del noreste asiático en la Universidad de Estudios Exteriores Hankuk de Seúl, la implicación es clara: Xi estaría aceptando tácitamente la nuclearización continua de Pyongyang.
Kim marcó el terreno antes de la llegada de Xi
Los días previos a la visita estuvieron marcados por una serie de apariciones públicas de Kim orientadas a dejar en claro que la desnuclearización no estaría en la agenda. Su hermana y poderosa asesora, Kim Yo Jong, declaró el domingo que el estatus de Corea del Norte como Estado nuclear es «una línea de no retroceso y una realidad innegable».
El propio Kim visitó una nueva fábrica de materiales nucleares, supervisó pruebas de misiles de crucero guiados por inteligencia artificial y prometió construir una armada de capacidad nuclear.
Leif-Eric Easley, profesor en la Universidad Ewha de Seúl, interpretó la visita de Xi como un «abrazo estratégico» a Kim, aunque no un cheque en blanco. «Beijing espera que Pyongyang respete sus intereses y evite políticas desestabilizadoras», dijo.
«Por eso resultó llamativo que Kim decidiera probar misiles, exhibir un nuevo destructor naval e inspeccionar una instalación de producción de material fisible justo antes de recibir a Xi».
Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), Corea del Norte posee actualmente alrededor de 60 cabezas nucleares y material suficiente para producir al menos 30 más.
Alineamiento geopolítico frente a Estados Unidos y Japón
Xi aprovechó la visita para trazar coincidencias estratégicas con Pyongyang en materia de seguridad regional. Sin mencionar directamente a Washington, Seúl ni Tokio, instó a ambos países a «oponerse al hegemonismo, la política de poder y rechazar cualquier esquema orientado a revivir el militarismo».
La visita se produjo semanas después de que Xi criticara presuntamente a la primera ministra japonesa Sanae Takaichi por la «remilitarización» de Japón, en el marco de una cumbre con el presidente estadounidense Donald Trump en Beijing.
Kim, por su parte, reiteró su apoyo pleno al principio de «Una Sola China», que implica el reconocimiento de las pretensiones de Beijing sobre Taiwán. Aunque no se trata de una posición nueva, analistas como Lee señalaron que su inclusión explícita en las comunicaciones oficiales resulta significativa en el contexto actual de tensiones en el estrecho.
Para Lee, la convergencia de intereses entre ambos líderes —particularmente frente a lo que perciben como amenazas crecientes por parte de Estados Unidos, Japón y Corea del Sur— fue probablemente el motor central del esfuerzo por revitalizar los vínculos bilaterales.


