Mucho antes de que Asia se convirtiera en tema de agenda global, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota ya poblaban sus letras con imágenes de China, referencias a Mao Zedong y guiños a la cultura japonesa, construyendo un imaginario oriental propio, oblicuo y profundamente ricotero.
En el universo lírico del Indio Solari, Asia no era un destino ni una declaración política. Era una textura. Un conjunto de imágenes prestadas de Oriente que el poeta de Parque Leloir usaba para nombrar lo que el lenguaje cotidiano no alcanzaba: el caos, la ensoñación, la revolución que nunca termina de llegar, el cuerpo que flota en un mundo que no comprende.
Repasando el cancionero de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota con ojos asiáticos, lo que emerge no es una banda con interés geopolítico en la región sino algo más interesante: una sensibilidad que encontró en los símbolos de Oriente una reserva de sentido para hablar de Argentina.
Shanghái como ensoñación
«Sorpresa de Shangai», incluida en Lobo Suelto (1993), es quizás el caso más transparente. El título evoca la ciudad china sin que la letra la mencione explícitamente: lo que Shanghái aporta a la canción no es contenido geográfico sino atmósfera. La ciudad más cosmopolita, caótica y fascinante de Asia funciona como nombre de un estado de ánimo: algo sorpresivo, vertiginoso, que viene de lejos y golpea sin avisar.
El mismo disco incluye «Sushi», una pieza instrumental de apenas un minuto en el que Skay Beilinson ejecuta un punteo de guitarra que, según la propia documentación de la banda, es «un vuelo lento y directo a Oriente». Sin palabras, con pura música, Los Redondos cerraban el primer volumen del disco con una imagen sonora de Asia: quieta, contemplativa, ajena al rugido eléctrico del resto del álbum.
El propio Solari explicó que Lobo Suelto intentó abordar el yin y el yang de la condición humana —una referencia directa a la filosofía taoísta china— y que «Sushi» era el réquiem de ese equilibrio.
El Mao del Indio
Más densa y más política es la referencia a Mao Zedong en «El regreso de Mao», tema inédito interpretado en vivo entre 1984 y 1989 y nunca incluido en ningún disco oficial. La canción mezcla imágenes de guerrilla latinoamericana, narcotráfico y revolución en un sampán que flota entre China y el Cono Sur: «Confunde las palabras ‘soldado’ y ‘bandido’ / flotando en un sampán con mujeres iguales / a hombres iguales a un blanco herido».
El propio Solari explicó el origen de la letra en su libro autobiográfico Recuerdos que mienten un poco: era una descripción que partía de hacer un mix entre la guerrilla y el narcotráfico en Latinoamérica, con la secreta esperanza de que fueran revolucionarios de verdad. El miedo que los militares peruanos le tenían a Sendero Luminoso —cuyo nombre completo en español es «Laja Cristalina», dato que aparece textualmente en la canción— lo fascinaba. Mao era la figura que daba nombre a esa esperanza difusa, al retorno de algo que nunca había llegado del todo.
«China significa ‘Reino del Medio’ / Sendero Luminoso ‘Laja Cristalina’ / que adelantó el regreso de Mao», dice la letra, mezclando con precisión inusual datos geopolíticos reales con la mitología revolucionaria del rock subterráneo argentino de los ochenta.
Un Oriente de símbolo, no de postal
Lo que distingue el uso de Asia en las letras del Indio del exotismo barato que infecta buena parte del rock occidental es que sus referencias no son decorativas. Shanghái no aparece como escenografía turística. Mao no es un póster. El sushi no pretende ser japonés: es el nombre de un estado de quietud que cierra un disco sobre la ambigüedad humana.
En el imaginario ricotero, Oriente cumple la función que en otros contextos cumplían el far west o la mitología griega: un repertorio de imágenes que permiten hablar de lo propio desde una distancia que hace visible lo que la cercanía oculta. El Indio usaba a China para hablar de Argentina, usaba a Mao para hablar de la izquierda latinoamericana, usaba el sushi para hablar de la belleza como símbolo de los símbolos.
Que tres medios asiáticos hayan cubierto su muerte quizás no sea tan paradójico. Algo en esa obra, construida lejos de Asia pero con muchos elementos asiáticos bien adentro, terminó viajando más lejos de lo que su autor tal vez jamás imaginó.

