China acusa a Taiwán de «coerción de visados» tras la exclusión de Camboya de sus programas de facilitación migratoria

Taipéi retiró a Phnom Penh de dos esquemas de entrada simplificada vigentes desde 2018, en respuesta a su alineamiento con Pekín. La Cancillería china calificó la medida como prueba de la «agenda separatista» del oficialismo taiwanés.

El cruce entre Pekín y Taipéi sumó un nuevo capítulo, esta vez con Camboya como protagonista involuntario. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Taiwán anunció el viernes que retirará a Camboya de dos programas de facilitación de visados a partir del 1 de agosto, al tiempo que extenderá los regímenes de entrada simplificada para Tailandia, India y varios otros países del sudeste y sur de Asia. La respuesta de Pekín no se hizo esperar: el portavoz de la Cancillería china denunció una «coerción de visados» por parte de las autoridades del Partido Democrático Progresista (PPD) y la describió como «la evidencia más reciente de la naturaleza maligna de su agenda separatista».

La decisión taiwanesa afecta dos mecanismos concretos. Los ciudadanos camboyanos dejarán de ser elegibles para el Proyecto Guanhong, que flexibiliza los requisitos de visado para determinados grupos turísticos, y para el Certificado de Autorización de Viaje, que ofrece entrada condicional sin visado. Camboya participaba de ambos programas desde 2018, y en adelante todos sus ciudadanos que quieran viajar a Taiwán deberán tramitar visados ante las representaciones diplomáticas y consulares de Taipéi.

Los argumentos de la Cancillería taiwanesa fueron explícitos. En un comunicado, el ministerio señaló que Camboya no correspondió los gestos de buena voluntad de Taiwán y que, en cambio, se hizo eco de declaraciones chinas que socavan la soberanía taiwanesa. Además, acusó a Phnom Penh de aparentar respaldo al posible uso de la fuerza por parte de Pekín en su búsqueda de la unificación con Taiwán, y mencionó que los vínculos de Camboya con recientes casos de fraude transfronterizo generaron preocupación pública, en alusión a los centros de estafas que operan en territorio camboyano y que afectaron a víctimas taiwanesas.

Taiwán

Desde Pekín, la lectura fue diametralmente opuesta. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores reafirmó que «Taiwán es una parte inalienable del territorio de China» y sostuvo que ese estatus constituye «un consenso internacional». En la misma línea, celebró «el firme compromiso de Camboya con el principio de una sola China», que a su juicio demuestra que «el manual separatista de las autoridades del PPD no encuentra apoyo y no llevará a ninguna parte». Camboya, por su parte, reafirmó su adhesión al principio de una sola China tras conocerse la cancelación de las medidas de facilitación, según comunicó la embajada china en Phnom Penh.

El trasfondo inmediato de la disputa es el acercamiento cada vez más estrecho entre Phnom Penh y Pekín. La medida taiwanesa llegó después de la reunión en Beijing entre el primer ministro camboyano Hun Manet y el presidente Xi Jinping, encuentro en el que el gobierno camboyano ratificó posiciones alineadas con la postura china sobre el estatus de la isla. Camboya es, desde hace años, uno de los socios más consistentes de China en el sudeste asiático, tanto en materia de inversiones como de respaldo diplomático en foros regionales como la ASEAN.

La dimensión selectiva del anuncio taiwanés refuerza su carácter de señal política. Taipéi decidió prolongar por un año más, hasta el 31 de julio de 2027, la entrada sin visado para ciudadanos de Tailandia, Brunéi y Filipinas, mientras que los nacionales de India, Indonesia, Vietnam, Myanmar y Laos seguirán siendo elegibles para el Proyecto Guanhong y el Certificado de Autorización de Viaje hasta el 31 de diciembre de 2027. El contraste es deliberado: Taiwán premia a los países con los que busca profundizar lazos en el marco de su Nueva Política hacia el Sur y castiga a quien percibe como vocero de Pekín en la región.

La Cancillería taiwanesa aclaró que cualquier reactivación de la facilitación de visados dependerá de cambios futuros en la política camboyana hacia Taiwán, dejando la puerta entreabierta a una recomposición. Sin embargo, nada indica que Phnom Penh vaya a modificar su rumbo: su dependencia económica de China y la sintonía política entre Hun Manet y Xi Jinping hacen improbable un giro. Para el resto del sudeste asiático, el episodio funciona como recordatorio de que la competencia entre Pekín y Taipéi ya no se juega solamente en el terreno militar o diplomático de alto nivel, sino también en instrumentos cotidianos como los visados, el turismo y la movilidad de personas.

 

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