El líder chino llamó por sorpresa al presidente brasileño, condenó las «injerencias externas» y avanzó en un acuerdo comercial con el Mercosur en medio de la crisis diplomática entre Buenos Aires y Brasilia
La crisis diplomática entre Argentina y Brasil, desatada tras los insultos de Javier Milei contra Lula da Silva en un acto de campaña junto a Flávio Bolsonaro en San Pablo, encontró un actor inesperado tomando partido: Beijing. El domingo por la tarde, en una comunicación telefónica sorpresiva, Xi Jinping llamó a Lula para expresarle un respaldo explícito, en un gesto que excede largamente el incidente bilateral y que revela la lectura estratégica que hace China del tablero sudamericano.
El respaldo chino, palabra por palabra
Según difundió la agencia estatal Xinhua, Xi sostuvo que Beijing concede gran importancia a la posición internacional de Brasil y a su influencia, y expresó apoyo a ese país en la defensa de su soberanía, en su rechazo a las injerencias externas y en su aporte a la estabilidad regional y global. El mandatario chino fue más allá y llamó a ambos países a ubicarse del lado correcto de la historia, una fórmula que en el vocabulario diplomático de Beijing suele reservarse para marcar distancia respecto de Washington.
Un dato no menor: el comunicado oficial difundido en Brasilia sobre la conversación omitió la referencia a las «injerencias externas» que sí destacó Xinhua. La diferencia no es casual y sugiere que China buscó imprimirle a la llamada un tono más confrontativo del que Lula estaba dispuesto a exhibir públicamente.

Más que un gesto por Milei
Leer este respaldo únicamente como una respuesta a los insultos de Milei sería quedarse con la superficie. El trasfondo real tiene dos capas. La primera es electoral: Brasil le negó recientemente la visa a dos funcionarios estadounidenses que buscaban reunirse con autoridades electorales en Brasilia antes de los comicios de octubre, en momentos en que Flávio Bolsonaro insiste, sin pruebas, en cuestionar la fiabilidad del sistema electoral brasileño. La segunda capa es comercial: Xi y Lula también conversaron sobre un ansiado acuerdo entre China y el Mercosur, en pleno contexto de tensión arancelaria impulsada por Donald Trump contra buena parte de la región.
Para Beijing, el affaire Milei funcionó como una ventana de oportunidad retórica: permite posicionarse como socio confiable del «sur global» frente a un gobierno argentino cada vez más alineado con Washington, mientras refuerza sus vínculos con Brasil, la principal economía de la región y socio estratégico dentro del BRICS.
El tablero que queda planteado
La secuencia deja a la vista un realineamiento de fondo: mientras Argentina profundiza su acercamiento a Estados Unidos bajo la gestión de Milei, Brasil recibe un espaldarazo explícito de China justo cuando enfrenta presiones simultáneas desde Washington (por los aranceles) y desde sectores internos alineados con el bolsonarismo. Lula, por su parte, agradeció el gesto y reafirmó su compromiso con la cooperación multilateral y con la profundización del vínculo dentro del bloque BRICS.
El episodio confirma un patrón que se viene consolidando: cada fricción diplomática en la región sudamericana abre una oportunidad para que Beijing refuerce su narrativa de socio no injerencista, en contraposición directa con Washington, en un momento en que la competencia geopolítica entre las dos potencias se libra también en el terreno discursivo latinoamericano.

