El Mahjong del swap chino con Argentina

Hace apenas unas horas se supo que el Banco Central renovó y amplió los plazos del swap o acuerdo de monedas que Argentina mantiene con China. De este modo, preservó la posibilidad de disponer de al menos US$5000 millones para respaldar la estabilidad financiera argentina y dar soporte al comercio y la inversión entre ambos países.

Esta noticia da el pie justo para repasar algunos momentos de la historia de este swap y recordar, por ejemplo, cómo hace algunos años, una confusión hizo aparecer US$5.000 millones, el auxilio de Qatar, o el uso del yuan para pagarle al FMI y otras misceláneas de la diplomacia financiera argentina.

En el mahjong, un juego de mesa de estrategia, habilidad y cálculo de probabilidades, al igual que en las relaciones financieras internacionales, es necesario conocer las reglas, calcular los movimientos posibles y comprender qué está tratando de construir el otro jugador. También se requiere distinguir una ficha disponible de otra que todavía no puede utilizarse. Confundirlas puede significar perder una partida. En las relaciones entre Estados, puede crear por algunas horas US$5.000 millones que nunca existieron.

Eso parece haber ocurrido en Beijing en octubre de 2023, cuando el entonces presidente Alberto Fernández anunció que China había ampliado el swap de monedas con la Argentina por US$6.500 millones.

«Lo habíamos pedido por 5.000 millones y nos concedieron 6.500 millones de dólares», afirmó Fernández después de reunirse con Xi Jinping. Agregó que esos recursos representarían «un gran alivio» y significaban reservas que ingresarían al país.

Sede del Banco Popular de China (Banco Central) en Beijing

La comunicación oficial de la Presidencia llevó como título: «Fernández anunció la ampliación del swap con China por 6.500 millones de dólares». Sin embargo, el propio texto utilizó una fórmula más precisa: señaló que se confirmaba la ampliación «hasta» 47.000 millones de yuanes, equivalentes entonces a US$6.500 millones. Una sola palabra —»hasta»— separaba el monto total disponible de una hipotética ampliación adicional por toda esa cifra. Casa Rosada, 18 de octubre de 2023.

La Argentina ya contaba con un tramo activado equivalente a US$5.000 millones. El nuevo entendimiento permitía añadir aproximadamente US$1.500 millones y llevar la disponibilidad total hasta US$6.500 millones. No eran US$6.500 millones nuevos. Eran US$6.500 millones en total. La diferencia era de US$5.000 millones.

El equívoco no quedó limitado al título del comunicado. Alberto Fernández sostuvo que todavía no se había agotado el primer tramo y que, aun así, China había concedido «6.500 más de uso libre». Esa formulación reforzó la interpretación de que Beijing había otorgado US$6.500 millones adicionales.

El estudio «De-dollarization? China’s RMB Swaps and Policy Space in Argentina and Brazil», de Maria J. Haro Sly, investigadora de Johns Hopkins University, aporta un testimonio relevante para comprender lo ocurrido.

Según una de las ex autoridades del Banco Central entrevistada por la autora, la intención argentina era obtener un tramo adicional de US$1.500 millones sobre los US$5.000 millones ya activados. Durante la conversación, una traducción habría transformado la idea de ampliar la disponibilidad «hasta US$6.500 millones» en la concesión de «US$6.500 millones más». El estudio sostiene que Fernández anunció una ampliación por US$6.500 millones cuando, en realidad, el incremento acordado habría sido de US$1.500 millones.

Esta reconstrucción surge de entrevistas y no de la publicación de las actas confidenciales entre los bancos centrales. Por eso debe presentarse como una explicación fundada, pero no como un hecho documental definitivamente probado. Lo que sí está documentado es la contradicción entre las formulaciones utilizadas. Mientras el comunicado institucional hablaba de ampliar el tramo «hasta» US$6.500 millones, el presidente lo presentó públicamente como si China hubiera concedido US$6.500 millones adicionales.

¿Fue un error de traducción? ¿Una interpretación equivocada de la delegación argentina? ¿Una simplificación política destinada a engrandecer el resultado? ¿O una combinación de esos factores? Sin las actas bilaterales, no es posible afirmarlo con certeza. Pero el episodio expuso una debilidad institucional: ninguna negociación entre bancos centrales debería depender de una traducción imprecisa cuando están en juego miles de millones de dólares, las reservas internacionales y la estabilidad cambiaria de un país. A una frase equivocada pronunciada por el presidente, se sumó el hecho de que funcionarios del Banco Central, diplomáticos, técnicos y asesores permitieron que esa frase se convirtiera en la versión oficial del acuerdo.

El kilómetro cero del swap chino con Argentina

La historia había comenzado de una manera muy diferente. El kilómetro cero del swap entre la Argentina y China fue el acuerdo firmado en 2009 durante la presidencia de Martín Redrado al frente del Banco Central. El 6 de abril de aquel año, el directorio del BCRA aprobó mediante la Resolución 95 la suscripción del convenio bilateral con el Banco Popular de China. El acuerdo comprendía 70.000 millones de yuanes, con una vigencia inicial de tres años y la posibilidad de ser prorrogado.

Su concepción original era principalmente comercial. El swap fue pensado para facilitar que una parte del intercambio de bienes y servicios entre Argentina y China pudiera realizarse mediante las monedas de ambos países. Los importadores argentinos podrían pagar determinados productos en yuanes, mientras que las empresas chinas podrían operar sin que todas las transacciones tuvieran que atravesar obligatoriamente por el dólar.

No era una declaración de guerra contra la moneda estadounidense. Tampoco pretendía reemplazar las reservas genuinas ni convertirse en una fuente permanente de financiamiento fiscal. Era una herramienta para reducir costos de intermediación, brindar liquidez al comercio bilateral y promover el empleo de las monedas locales.

Chequeado confirma que el primer acuerdo fue firmado en 2009 y explica que una de sus ventajas era precisamente permitir el pago de importaciones chinas en yuanes, evitando la utilización inmediata de dólares. Chequeado, «Qué es el swap de monedas con China».

El swap con China nació dentro de esa lógica. Era un instrumento comercial moderno, no una montaña de dólares escondida en Beijing.

Edifício sede del Banco Central do Brasil. Foto: Jonas Pereira/Agência Senado

El antecedente regional: pagar en pesos y cobrar en reales o guaraníes

La utilización de monedas locales para facilitar el comercio exterior no comenzó con el swap chino. La Argentina ya contaba con una experiencia regional concreta: el Sistema de Pagos en Moneda Local, conocido como SML, desarrollado inicialmente con Brasil y extendido posteriormente a Uruguay y Paraguay.

Su funcionamiento es sencillo. En una importación desde Brasil, la empresa argentina puede pagar en pesos y el exportador brasileño recibe reales. En una operación con Paraguay, el importador argentino puede cancelar el pago en pesos mientras la contraparte paraguaya recibe guaraníes. El mecanismo también funciona en sentido inverso: el importador brasileño o paraguayo paga en su propia moneda y el exportador argentino cobra en pesos. Los bancos centrales realizan la conversión, compensación y liquidación entre las monedas nacionales. De esa manera, las empresas no necesitan comprar dólares como paso intermedio para completar la transacción.

El SML es voluntario y complementario de los restantes mecanismos de pagos internacionales. Su finalidad es fomentar el comercio exterior en monedas locales, profundizar los mercados de esas monedas y reducir los costos de las operaciones transfronterizas. Banco Central de la República Argentina, Sistema de Pagos en Moneda Local.

El sistema con Brasil comenzó a funcionar en 2008. Paraguay se incorporó posteriormente mediante el acuerdo entre el BCRA y el Banco Central del Paraguay, cuyo reglamento operativo entró en vigencia en junio de 2021. BCRA, acuerdo del SML con Paraguay.

Existe, sin embargo, una diferencia fundamental con el swap chino. El SML no constituye una línea de financiamiento ni incrementa las reservas del Banco Central. Es una infraestructura de compensación y transferencia: cada parte paga y cobra en su propia moneda.

El swap con China incorporó una dimensión adicional. Además de facilitar pagos comerciales en yuanes, permitió contabilizar moneda china dentro de las reservas brutas y, previa autorización del Banco Popular de China, activar determinados tramos para afrontar importaciones, intervenir en el mercado cambiario o atender compromisos externos.

La experiencia regional confirma que la concepción original impulsada por Martín Redrado no era exótica ni ideológica. Formaba parte de una tendencia orientada a facilitar el comercio mediante monedas nacionales, evitando que el dólar actuara obligatoriamente como intermediario en cada operación. El problema apareció después, cuando una herramienta concebida para facilitar el intercambio comercial comenzó a funcionar como auxilio financiero de una economía sin reservas.

Firmar, contabilizar y activar

Buena parte de la confusión pública surge de utilizar como sinónimos tres operaciones diferentes: firmar el swap, contabilizarlo dentro de las reservas y activar una parte de sus fondos.

La firma establece la línea general de intercambio entre los bancos centrales.

La incorporación contable permite incluir los yuanes dentro de las reservas brutas. Pero no significa que el Banco Central argentino pueda utilizarlos automáticamente para intervenir en el mercado cambiario o pagar cualquier obligación. Para disponer efectivamente de los recursos, la Argentina debe solicitar la activación de un tramo. El Banco Popular de China debe autorizarla. A partir de ese momento, el dinero empleado se convierte en una obligación que deberá devolverse junto con los intereses correspondientes.

Esta diferencia casi nunca fue explicada con claridad a la sociedad argentina.

Sede del Banco Central de la República Argentina en Buenos Aires.

Durante años, se sumó el valor completo del swap a las reservas brutas del Banco Central, aunque una parte considerable de esos recursos no estuviera libremente disponible. El efecto contable producía una imagen más confortable del balance, pero no eliminaba la necesidad de negociar con Beijing cada utilización relevante.

Chequeado explica que el swap incrementa inicialmente las reservas brutas, pero no las reservas netas disponibles. Solo después de la activación el país queda habilitado para utilizar una cantidad determinada de yuanes. En junio de 2023 se activaron 35.000 millones de yuanes, equivalentes entonces a aproximadamente US$5.000 millones.

El estudio de Haro Sly también diferencia claramente el acuerdo general de su activación. Sus entrevistas muestran que la parte china solicita información detallada, evaluaciones técnicas y autorizaciones sucesivas antes de permitir la utilización efectiva.

En Buenos Aires, el anuncio político suele anteceder al documento. En Beijing, el documento técnico suele preceder a la decisión política. Esa diferencia cultural e institucional atraviesa toda la historia del swap.

De instrumento comercial a sala de emergencias

Antes de la última actualización que se dio justamente hoy, el acuerdo original ya había sido renovado y ampliado por gobiernos argentinos de orientaciones muy diferentes. El convenio de 2009 fue sucedido por otro en 2014. Volvió a renovarse durante el gobierno de Mauricio Macri y fue complementado en 2018. En 2020, durante la administración Fernández, un nuevo entendimiento llevó el intercambio total a unos US$18.500 millones. Chequeado.

Esta continuidad demuestra que el swap no pertenece a un partido político. Fue considerado útil durante las presidencias de Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri, Alberto Fernández y Javier Milei.

Pero mientras se mantenía el instrumento, se modificaba su función. La herramienta, concebida originalmente para facilitar el comercio en monedas locales, comenzó a ser utilizada como respaldo de las reservas, fuente de liquidez y mecanismo de emergencia frente a la escasez de dólares. La transformación no se originó exclusivamente en China. Fue consecuencia de la debilidad macroeconómica argentina.

Brasil pudo mantener durante años su acuerdo sin activarlo porque disponía de reservas, superávit comercial y mayor estabilidad. La Argentina, en cambio, llegó a necesitar la autorización de Beijing para pagar importaciones, intervenir en el mercado cambiario y afrontar vencimientos externos.

El mismo instrumento representó una opción para Brasil y una necesidad para la Argentina.

Cuando Beijing detuvo las fichas

La historia del anuncio de octubre de 2023 tuvo un segundo capítulo apenas dos meses después. En diciembre, Perfil informó que China había puesto en suspenso el tramo por US$6.500 millones mientras esperaba señales del recién asumido gobierno nacional.

La información mostraba una característica esencial del mecanismo: la existencia de la línea no equivalía a disponibilidad incondicional. China conservaba la capacidad de administrar su activación, de acuerdo con evaluaciones financieras y políticas. Perfil/Buenos Aires Times, 19 de diciembre de 2023.

Beijing no abandonaba la mesa, pero mantenía las fichas inmóviles.

Desde 2009, Beijing sostuvo el swap frente a gobiernos argentinos que se elogiaron y acusaron mutuamente, modificaron la política exterior y pronunciaron declaraciones contradictorias sobre China. Esa continuidad no debe confundirse con ingenuidad ni amistad incondicional. La burocracia económica china se caracteriza por la continuidad de sus equipos, la importancia de la preparación técnica y la acumulación de conocimiento institucional. En la Argentina, por el contrario, cada cambio de gobierno suele provocar el reemplazo de funcionarios, prioridades y canales diplomáticos.

swap
Antes de la última actualización que se dio justamente hoy, el acuerdo original ya había sido renovado y ampliado por gobiernos argentinos de orientaciones muy diferentes

No se trata de idealizar a China ni de presentar a todo su sistema como infalible. Se trata de reconocer la asimetría entre un Estado que negocia con horizontes prolongados y otro que llega urgido por el próximo vencimiento o la siguiente elección.

China juega la partida completa. La Argentina suele jugar la ficha inmediata.

Qatar y el préstamo de la última hora

El swap chino no fue el único recurso extraordinario utilizado durante la crisis de 2023. El 4 de agosto de aquel año, la Argentina debía pagar aproximadamente US$775 millones de intereses al Fondo Monetario Internacional. El Tesoro y el Banco Central carecían de los dólares necesarios, mientras el desembolso esperado del organismo todavía no había sido aprobado. Ante esa emergencia, apareció Qatar.

El emirato otorgó un préstamo puente por 580 millones de Derechos Especiales de Giro, equivalentes entonces a unos US$775 millones. Los fondos permitieron cancelar el vencimiento y atravesar el breve período hasta que el directorio del FMI aprobara un nuevo desembolso.

El préstamo se realizó a la tasa aplicable a los DEG, sin una sobretasa adicional ni una comisión especial para Qatar. Fue una operación financiera de emergencia, pero también un gesto político. El emir Tamim bin Hamad Al Thani mantiene una conocida amistad con un prestigioso deportista argentino. Ambos han sido vistos públicamente compartiendo viajes y encuentros personales. En la diplomacia internacional, los vínculos personales y la confianza pueden facilitar canales que adquieren una importancia especial durante una emergencia.

Posteriormente, el desembolso del propio Fondo permitió devolver parte de esos apoyos transitorios.

La República Popular China, una monarquía del Golfo, un banco latinoamericano de desarrollo y el principal organismo financiero de Occidente terminaron participando en la misma operación. China ayudó a pagarle al FMI. Qatar prestó DEG para pagarle al FMI. La CAF aportó dólares para pagarle al FMI. Y el FMI desembolsó recursos que permitieron devolver parte de lo que se había pedido prestado para pagarle al propio Fondo.

Era una rueda tan sofisticada como reveladora. No se trataba de una estrategia argentina de desdolarización. Era una estrategia de supervivencia.

El yuan como camino alternativo hacia el dólar

La utilización de los fondos chinos también obliga a revisar otra narrativa: la idea de que el swap representa por sí mismo una ruptura con el sistema financiero dominado por el dólar.

Una parte de los yuanes fue empleada para pagar importaciones provenientes de China. Ese uso se correspondía con la concepción comercial original del acuerdo: evitar la demanda inmediata de dólares y cancelar obligaciones directamente en moneda china. El yuan no reemplazó al dólar como moneda central de la economía argentina. Funcionó como un instrumento complementario y, en algunos casos, como un camino alternativo para cumplir obligaciones vinculadas con la moneda estadounidense.

El swap no desdolarizó a la Argentina. Le permitió atravesar temporalmente la escasez de dólares mediante una moneda proporcionada por China.

El embajador Wang Wei con el ministro de Economía argentino, Luis Caputo.

El swap que deberá devolverse

El tramo activado no desapareció con el cambio de gobierno. Se convirtió en una obligación.

En 2024, la Argentina obtuvo una primera postergación del cronograma. En abril de 2025, el BCRA acordó una nueva prórroga de doce meses para los US$5.000 millones activados, cuyo reintegro debía comenzar gradualmente en junio de 2025. El nuevo entendimiento trasladó el inicio de los pagos a agosto de 2026.

La renovación demuestra dos cosas. La primera es la dependencia argentina: devolver inmediatamente los US$5.000 millones habría significado una fuerte presión sobre las reservas. La segunda es la disposición china a preservar el instrumento, incluso durante un gobierno que había llegado al poder con un discurso distante hacia la República Popular China.

La postergación no implicó una condonación. La obligación continuó existiendo. Las fichas permanecieron sobre la mesa.

Brasil: la diferencia entre opción y necesidad

La comparación con Brasil ayuda a comprender que el problema no se encuentra exclusivamente en el instrumento. Brasil también celebró un acuerdo de swap con el Banco Popular de China. Sin embargo, pudo conservarlo sin activarlo durante años porque contaba con reservas internacionales sustanciales, superávits comerciales y una situación macroeconómica más estable.

Para Brasil, el acuerdo podía funcionar como una alternativa para diversificar sus reservas y facilitar el comercio bilateral. Para la Argentina, en cambio, se convirtió progresivamente en un respaldo indispensable de las reservas brutas.

El mismo instrumento produjo dos relaciones diferentes. Brasil podía decidir si le convenía utilizarlo. La Argentina necesitaba obtener la autorización de Beijing para atravesar la siguiente crisis. Uno negociaba desde la disponibilidad. El otro, desde la urgencia.

La dependencia no fue creada únicamente por China. Fue construida por décadas de inflación, déficit, endeudamiento, controles cambiarios, pérdida de reservas y ausencia de una estrategia exportadora consistente.

Volver a la concepción original

La mejor forma de reducir esa dependencia no consiste en cancelar ideológicamente el swap, sino en devolverle parte de su finalidad inicial. El mecanismo debería emplearse principalmente para facilitar el comercio de bienes y servicios en monedas locales, reducir costos de intermediación y permitir que las empresas argentinas importen insumos chinos sin demandar dólares en cada operación.

Pero para que el acuerdo sea verdaderamente beneficioso debe funcionar en ambas direcciones. La Argentina necesita utilizarlo también para ampliar sus exportaciones, incorporar valor agregado y facilitar el acceso de sus empresas al mercado chino.

Eso requiere procedimientos bancarios sencillos, información para las pequeñas y medianas empresas, sistemas de compensación eficientes, coberturas frente al riesgo cambiario y una estrategia comercial que no se limite a exportar productos primarios e importar manufacturas.

El éxito no debería medirse por la cantidad de yuanes prestados que aparecen dentro de las reservas brutas. Debería medirse por el comercio, las inversiones, la producción y las exportaciones adicionales que el instrumento permita generar. Esa era la lógica del acuerdo de 2009: construir una herramienta para el intercambio, no un respirador artificial para una economía sin reservas.

La generosidad ajena y la debilidad propia

La asistencia recibida en 2023 demuestra la utilidad de mantener relaciones internacionales diversificadas. China permitió utilizar el swap. Qatar aportó DEG en la hora más urgente. La CAF suministró financiamiento y el FMI aprobó posteriormente un desembolso.

Pero la operación obliga a formular una pregunta incómoda: ¿cómo llegó la Argentina al punto de necesitar la autorización del Banco Popular de China, un préstamo urgente de Qatar y el respaldo de la CAF para afrontar vencimientos que eran previsibles?

La diplomacia personal puede abrir puertas. No puede sustituir una política económica.

Qatar aportó el puente financiero. China proporcionó el swap. Pero fue la falta de reservas argentinas la que convirtió esos gestos en instrumentos de supervivencia. En 2023, el país no pagó sus obligaciones mediante reservas previamente acumuladas ni gracias a una expansión suficiente de sus exportaciones. Las pagó reuniendo yuanes chinos, DEG qataríes y dólares latinoamericanos.

La Argentina evitó el incumplimiento. Pero lo hizo mediante una cadena de préstamos, acuerdos y relaciones internacionales que mostró simultáneamente la eficacia de su diplomacia y la profundidad de su vulnerabilidad.

La lección de Beijing

La confusión de la Administración Fernández no fue solamente un problema de traducción. Expuso la distancia entre la complejidad técnica de una negociación internacional y la urgencia de transformarla en un anuncio político.

Vista en conjunto, la secuencia resulta reveladora: primero, la Argentina anunció más de lo que aparentemente había obtenido; después, China demostró que la disponibilidad no era automática; finalmente, la Argentina necesitó solicitar más tiempo para devolver lo efectivamente utilizado.

Cinco mil millones de dólares aparecieron y desaparecieron dentro de una frase. Pero la obligación real permaneció.

En el mahjong diplomático, China mostró continuidad técnica, conocimiento de las reglas, administración del tiempo y preparación para una negociación prolongada. La Argentina exhibió su capacidad para encontrar apoyos durante una emergencia y mantener relaciones internacionales diversificadas. Pero también mostró improvisación comunicacional, dependencia de recursos externos y una preocupante fragilidad institucional.

La enseñanza consiste en aprender a negociar mejor con China. Antes de anunciar miles de millones desde Beijing como sucedió en 2023, conviene saber qué fichas están realmente sobre la mesa, cuáles pueden utilizarse y qué quiso decir exactamente el traductor.

Y como se pudo saber hoy de la exitosa gestión que resultó en la renovación del swap, el presidente del BCRA, Santiago Bausili, quien se encuentra en Beijing, como el Ministro Caputo, demostraron ser conocedores de este mecanismo financiero, como así también buenos entendedores de las reglas con las que se juega el mahjong.

 

 

 

 

Fuentes principales

  • Presidencia de la Nación, «Alberto Fernández anunció la ampliación del swap con China por 6.500 millones de dólares», 18 de octubre de 2023.
  • Banco Central de la República Argentina, «Sistema de Pagos en Moneda Local».
  • Banco Central de la República Argentina, «Agreement for Local Currency Payment System with Paraguay», 17 de junio de 2021.
  • José Giménez, «Qué es el swap de monedas con China y en qué consiste el acuerdo del Gobierno para postergar el pago de US$5 mil millones», Chequeado, actualización del 10 de abril de 2025.
  • Martín Soltys, «China puts brake on Argentina’s US$6.5-billion currency swap amid Milei tensions», Perfil/Buenos Aires Times, 19 de diciembre de 2023.
  • Maria J. Haro Sly, De-dollarization? China’s RMB Swaps and Policy Space in Argentina and Brazil, Johns Hopkins University, documento de trabajo, especialmente apartados 5.4, 5.5 y 5.6.

 

 

 

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