Más poder para Milei, ¿menos poder para China?

Con el triunfo rotundo de LLA en las últimas elecciones de medio término en Argentina, múltiples claves de la geopolítica del país sudamericano se terminaron de definir. Sumado esto al apoyo financiero ofrecido por Estados Unidos recientemente a la macroeconomía argentina, la alianza geopolítica entre Washinton DC y Buenos Aires se consolida, con los intereses de Occidente y el fomento de sus valores compartidos como foco de su accionar conjunto. En contrapunto, la inequívoca vinculación en el imaginario colectivo argentino entre las figuras de Xi Jinping y Cristina Fernández de Kirchner, quien enfrenta una condena a 6 años de prisión efectiva por corrupción, no debe ser subestimado a la hora de analizar la posición de Milei ante el gigante asiático.

Finalmente, ayer domingo se celebraron las elecciones legislativas y el país se pintó de violeta como había presagiado Javier Milei en sus declaraciones públicas de las últimas semanas. La Libertad Avanza (LLA) ganó en 15 provincias. En la sumatoria de votos de los 24 distritos, este domingo se impuso LLA con 40,66% de los votos, por sobre 31,70% de Fuerza Patria y aliados.

El éxito electoral de LLA viene de la mano de una lectura del país, de su economía, del mundo, y de los alineamientos internacionales que Argentina debe profundizar de acá en adelante: se trata de una visión en la vinculación financiera, económica y geopolítica en la que, como nos damos cuenta, Estados Unidos tiene valor central. 

No puede obviarse el apoyo que desde Washington se le ha ofrecido al gobierno argentino en las últimas semanas a través del Departamento del Tesoro, demostrando un interés por apoyar la consolidación de un modelo de gobernanza afín a los valores del MAGA de Donald Trump. 

Este apoyo a Estados Unidos implica un quiebre en la relación de la Casa Rosada con Zhongnanhai. Lo que por muchos años fue un lazo marcado por una posición de cercanía con China y su modelo de crecimiento, notoria en los gobiernos kirchneristas, hoy toma una bifurcación en el rumbo opuesto. Otro era el caso hace pocos años: no se puede uno olvidar fácilmente cuando el ex presidente argentino, Alberto Fernández le dijo al propio Xi Jinping en persona en una audiencia en Beijing que si “él fuese argentino, sería peronista”. 

Sucede que desde 2004, cuando Hu Jintao visitó Argentina, el peronismo buscó construir con China una mística propia, al presentarlo como una alternativa a la relación de Argentina con Estados Unidos y el capital de Occidente, como una manera de sortear las reglas de juego que se le imponían en aquel momento por encontrarse en default con el FMI, el Club de París y acreedores privados. Y hasta 2015, con la salida de Cristina Fernández de Kirchner de la presidencia se profundizó esa misma narrativa que defendía la conveniencia de una geopolítica argentina alineada con las directrices de lo que Xi lanzaba entonces como “One Belt One Road”. 

Por eso, el triunfo de Milei propone un punto final a ese tipo de mirada entre China y Argentina. Porque desde estas elecciones legislativas queda reconfirmado que los valores y principios alineados con Occidente que hoy buscan consolidarse en el país no son los mismos que regían a la nación cuando se ponderaban las bondades del Partido Comnista Chino por cadena nacional, y que por ello, ahora Estados Unidos tiene más preponderancia como factor internacional en la balanza de poder nacional.  

Aunque para muchos sea inconveniente, no es posible cerrar los ojos tanto como para no ver el cambio cultural que estas elecciones de medio término representan: un cambio, entre otras cosas, hacia la “transparencia”, en contra de la “doble moralidad”, yendo de la opacidad a la claridad.  

Xi Jiping es implacable con la corrupción interna

Con la visita Xi Jinping en 2021 a la casa y museo de Zhu Xi (1130-1200), padre del Neoconfucionismo, quien rescató a Mencius, discípulo de Confucio, quedó ratificada su convicción de combatir a fondo la corrupción. 

Zhu Xi fue un neoconfuciano que a fines del Siglo XII, quien se plantó ante el Emperador de la Dinastía Song señalando la decadencia del imperio dominado por la corrupción de las élites que lo rodeaba. Siguiendo esa lección, Xi buscó darle cada vez darle más espacio a esta causa dentro de su propio gobierno.  

De hecho, hace un mes atrás nos enteramos que en China fue condenado a muerte el exministro de Agricultura, acusado de recibir sobornos por hasta 38 millones de dólares entre 2007 y 2024. 

Y es que Xi ha sido implacable con la corrupción, llevando adelante, desde que llegó al poder en 2012, una purga que comprometió al 10% del Comité Central del Partido

Tal es así que solo en 2024, el Partido Comunista disciplinó a 889.000 miembros, incluidos 73 de nivel provincial o ministerial o superior, según estadísticas oficiales.

Asimismo, desde 2018 comenzó una campaña anticorrupción en el sistem financiero y bancario, que terminó en 2023 con la detención de altos funcionarios del Bank of China, del ICBC y de China Development Bank, mientras se ha hecho cada vez más estricto el control de gastos para las delegaciones de empresas chinas que viajan al exterior, según datos de Gavekal Dragonomics.  

Fuente: Gavekal Dragonomics.

Si la presencia de Xi  Jinping en la morada de Zhu Xi en 2021 fue vista como una señal de compromiso cada vez mayor del líder chino con las campañas de mejoramiento y transparencia internas, en su acción por cultivar los valores morales de los gobernantes, entonces, ¿por qué Beijing aplica una doble moralidad, hacia adentro contra la corrupción, y hacia afuera, de flexibilidad ética ejemplar contra el mismísimo flagelo que internamente persigue? 

Y esto sucede cuando hace alianzas con regímenes que están colmados de causas por delitos contra el Estado y tantos otros. La cercanía de China con gobiernos totalitarios y caracterizados por contar con altos niveles de corrupción en su administración pública como los de Cuba, Nicaragua, Venezuela, o la Bolivia de Evo Morales, a los que Beijing “legitima” con una cooperación política de primer nivel, ha marcado a fuego el perfil opaco que la “dual-morality” china tiene en esta parte del mundo. 

La doble moralidad de la geopolítica china 

El kirchnerismo ya estaba siendo investigado por causas de corrupción mucho antes de que Xi Jinping firmara convenios bilaterales con su par argentina en 2014 y 2015. Tal vez no lo advirtieron, pero estaban interactuando con funcionarios bajo sospecha, a cargo de Ministerios en los que China tenía intereses, quienes terminarían presos por corrupción y administración fraudulenta, como sucedió en el Ministerio de Transporte, con Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi. 

Por otra parte, la doble moralidad de China la llevó a construir una relación débil en los valores éticos que comparte con el pueblo argentino, ya que su aporte quedó más relacionado a los intereses de una parcialidad política que a los propios de la mayoría. Por eso el voto a Milei es, de alguna manera, un pedido para que Argentina no profundice su relación geopolítica con China.  

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Directivos de Huawei, en China, con Julio de Vido y Roberto Baratta, funcionarios argentinos que años después serían condenados por corrupción. 

China hizo fastuosas apuestas en Argentina en la época del kirchnerismo, que por ser más de índole político que económico, se terminan de entender más como un apoyo al gobierno de turno que al propio desarrollo económico nacional. 

El entusiasmo desmedido que por entonces Xi y Cristina Fernández de Kirchner (la líder de un gobierno signado por casos de corrupción y opacidad) demostraron ante la construcción de las Represas Jorge Cepernic y Néstor Kirchner en Santa Cruz, él más grande de China en Sudamérica por entonces, con gestiones a contrareloj y firmas a pocos meses de dejar la presidencia, es un ejemplo claro del tipo de apoyo “fast-track”, que ambos países se dieron mutuamente, tratándose de un proyecto que estaba sobredimensionado, sobrepresupuestado, y cuyo tamaño fue reducido, lo mismo que su precio de construcción -esto durante la presidencia de Mauricio Macri- a 4.700 millones desde una cifra mayor que era mayor a los US$7.000 millones originalmente. 

Además, el proyecto carecía de informe de impacto ambiental, y sin embargo, ya contaba con la financiación del banco chino.

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Fuente: Gavekal Dragonomics.

En definitiva, fue un golpe para Beijing. Había hecho una mala lectura del socio político con el cuál firmó el convenio financiero que viabilizó la obra, aquel que difícilmente habría cuestionado lo acordado, sino todo lo contrario. Y había quedado expuesto.   

A 15 años de la firma de estos acuerdos, las obras de ambas represas están paralizadas. Y Cristina Fernández está presa por corrupción por la causa Vialidad. Y más allá de las gestiones de Guillermo Francos ante China, el reinicio de la construcción de estas obras por ahora presenta más problemas que soluciones, aunque esta fue varias veces anunciada.    

Cláusulas confidenciales

Ahora, se puede suponer también que, al enfriar la relación política con China, tampoco Milei querrá lidiar con las conocidas cláusulas opacas que viene proponiendo Beijing, cuya existencia ha sido estudiada profundamente, y que han estado presentes en muchos acuerdos de préstamo binacionales. 

En efecto, en muchos casos relevados en obras como How China Lends, las cláusulas de confidencialidad propuestas en los modelos de acuerdo país-país con China, impiden a la nación prestataria revelar los términos de la deuda o incluso su existencia.

Así también China suele estructurar los préstamos con “prioridad”, lo que significa que se reembolsan antes que a otros acreedores. También utiliza mecanismos de garantía, como exigir a los prestatarios que depositen los ingresos del proyecto u otro efectivo en cuentas de depósito en garantía en el extranjero a las que los prestamistas chinos pueden acceder en caso de impago del prestatario.

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Fuente: Gavekal Dragonomics.

Otro caso reconocido es el de las cláusula de cross-default, que permite a un acreedor exigir el reembolso de una deuda si el prestatario incumple otro contrato de crédito existente, ya sea con el mismo o con otro prestamista chino, como pueden ser entidades financieras y bancarias que responden al Estado Chino.  

Asimismo, una parte importante de los préstamos de China se ha destinado a países de ingresos bajos y medios para grandes proyectos de infraestructura, como pasó en América Latina en muchos países, una práctica que puede ser riesgosa, especialmente cuando no se hace la debida diligencia. 

Nótese el caso de Ecuador, el país de esta región que se encuentra más endeudado con China, por un monto que a finales de marzo de 2025 ante los bancos estatales chinos ascendía a $2.421,38 millones, distribuidos principalmente entre el Eximbank, el Banco de Desarrollo de China (CDB) y el Banco de China. Una parte significativa de esta deuda ($1.619 millones) vence entre 2025 y 2027, lo que representa un desafío financiero para el país.

Además, muchos contratos impiden explícitamente que la deuda se incluya en los esfuerzos multilaterales de reestructuración, como los coordinados por el Club de París. Esto limita las opciones del país prestatario durante dificultades financieras. 

Hacia una nueva etapa

Por todo esto, el triunfo de LLA en las últimas elecciones en Argentina deja más expuesto que nunca esta fractura moral entre Argentina y China, y le propone al país que lidera Xi Jinping un modelo de colaboración distinta, más económico que político, que China está cada vez aprovechando mejor, cuando se ve que muchos de los grandes emprendimientos de China en Argentina están siendo liderados por empresas del sector privado, como sucede con la minería de litio en provincias como Salta y Jujuy, donde LLA también se impuso, y mientras sus productos lideran el mercado de consumo masivo y crecen sus importaciones. 

De hecho, China desplazó a Brasil como principal socio comercial de Argentina en septiembre de 2025, según los datos más recientes del INDEC.

No obstante, ante los resultados de las elecciones legislativas, expresada en la voluntad del voto que el pueblo le otorga al presidente, Argentina se aleja de la “Comunidad de Destino Compartido” y se acerca a una idea de “Hacer a la Argentina Grande de Nuevo”, dejando atrás el fomento a unirse a los BRICS que se promovieron con tanto énfasis desde los gobiernos peronistas, o de profundizar en la inserción al “One Belt One Road Chino”, reemplazándola por una mirada “América-Centrista”.  

Lamentablemente para Beijing, la reivindicación de China como socio estratégico de Argentina en reemplazo de Estados Unidos es una “lucha” y un concepto muy enraizado en la narrativa kirchnerista. Es inneglable que la conveniencia de la relación carnal China-Argentina tiene sus mejores defensores en las progresías argentinas anticapitalistas y en las izquierdas. 

Pero Milei no está dispuesto a dar una batalla cultural para recuperar el concepto “China” en su propio ideario político: prefiere, en cambio, cederlo, y que siga el derrotero propio de los partidos que lo propusieron como su modelo de liderazgo político para Argentina dentro del denominado “Sur Global”, mientras se enfoca en su alineamiento Estados Unidos-Israel, cada vez más fáctico. 

Lo que sí parece consolidarse  es la idea de que Argentina, por su posición geopolítica y recursos naturales, entre otros factores, será escenario de pujas geopolíticas cada vez más concretas, en las que se dirimen la hegemonía de los intereses de Occidente frente a los de sus antagonistas.    

Ahora, con el resultado de estas elecciones a favor de las ideas de Libertad, se reconfirma la relevancia estratégica de Buenos Aires para la política estadounidense. En este marco, se conocieron las demoras que está presentando actualmente el desarrollo del proyecto de construcción del radiotelescopio CART en San Juan (China Argentina Radio Telescope), cuyo primer MOU se firmó en 2012, en pleno auge de la relación entre el kirchnerismo y China; retrasos que pueden estar -o no- basados en las sospechas de opacidad que tiene Estados Unidos sobre el potencial uso militar y de espionaje de instalaciones como estas, que son propuestas por China a los países receptores en el marco de estudios científicos.

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