En un encuentro calificado como un “12 de 10” por el presidente estadounidense, las dos potencias mundiales desactivan la amenaza inmediata de una escalada de aranceles. Beijing se compromete a una reanudación inmediata de las importaciones agrícolas y a posponer el control de exportación de tierras raras, aunque los expertos advierten que las tensiones geopolíticas de fondo persisten.
La cumbre que calma a los mercados: un respiro en Busán
El comercio mundial contuvo el aliento y finalmente pudo respirar con un poco de alivio tras el esperado cara a cara entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo chino, Xi Jinping, en el marco de la cumbre de la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Corea del Sur. En una reunión que se extendió por cerca de una hora y cuarenta minutos en Busán, los líderes de las dos economías más grandes y rivales del planeta pactaron una tregua crucial que frena la escalada arancelaria y reanuda lazos comerciales que se habían estancado en medio de la Guerra Comercial 2.0.
Momentos después del encuentro, el presidente Trump, hablando a bordo del Air Force One, anunció los compromisos alcanzados. El más tangible fue la decisión de reducir los aranceles impuestos a China en respuesta a la crisis del fentanilo, que pasarán del 20% al 10%. Como contrapartida, Beijing se comprometió a realizar compras «inmediatas» y en «cantidades tremendas» de soja estadounidense, y a posponer la aplicación de sus anunciados controles a la exportación de tierras raras, minerales estratégicos esenciales para la tecnología de alta gama y la defensa.
Trump se mostró exultante, calificando su cumbre con Xi como un rotundo «12 en una escala del 1 al 10» y afirmando que se había acordado «casi todo». Sin embargo, esta euforia se encontró con una reacción mucho más cautelosa por parte de analistas y mercados, que, si bien celebraron la desescalada, se mantienen escépticos sobre la durabilidad y el alcance real del acuerdo a largo plazo.
¿Qué dicen en China sobre la reunión entre Xi Jinping y Donald Trump?
Compromisos Clave: Soja, Tierras Raras y la Regla del 50%
Los detalles del acuerdo bilateral se concentraron en dos áreas de alta sensibilidad económica y estratégica:
a. Agricultura y Energía: el regreso de la soja al diálogo bilateral
El compromiso chino de reanudar la compra de soja estadounidense fue un punto central de la tregua. Las importaciones de soja, un pilar del comercio agrícola binacional, habían estado estancadas durante gran parte del año debido a las tensiones.
El anuncio de Trump de compras «inmediatas» y «masivas» busca aliviar la presión sobre los agricultores estadounidenses, un segmento clave de su base política. Adicionalmente, Trump insinuó una «transacción a muy gran escala» en Alaska, afirmando que China «comenzará el proceso de compra de energía estadounidense», lo que abre la puerta a nuevos acuerdos energéticos.
b. Minerales críticos: el alivio de las tierras raras
El segundo gran alivio llegó con las tierras raras. China, el principal productor mundial de estos minerales cruciales para la fabricación de todo, desde coches eléctricos hasta armamento avanzado, había anunciado en octubre la implementación de amplios controles de exportación.
Beijing accedió a posponer estos controles por un año, lo que, según Trump, resuelve las preocupaciones de suministro de Estados Unidos. Este punto es vital para las cadenas de suministro de alta tecnología occidentales.
Un Intercambio de Concesiones
El Ministerio de Comercio de China, Wang Wentao, confirmó el retraso en los controles de exportación y reveló una concesión clave de EE. UU.: la suspensión de la «regla del 50%», que extendía los controles de exportación a las subsidiarias chinas de empresas en la Lista de Entidades de EE. UU.
Esta regla había sido una fuente de gran fricción. Asimismo, se acordó extender la tregua arancelaria que expiraba el 10 de noviembre y suspender por un año las investigaciones mutuas sobre la industria naviera.
Cumbre Trump – Xi: baja de aranceles y promesa de compra masiva de Soja
Cautela geopolítica: lo que queda pendiente
A pesar de la cordialidad que caracterizó la cumbre —Xi Jinping insistió en que las superpotencias «deben ser socios y amigos»—, la atmósfera de cautela en los mercados financieros sugiere que la comunidad global ve este pacto como un alivio temporal, no una solución definitiva.
Debe considerarse que el índice de referencia CSI 300 de China cerró con una caída tras la jornada, y la reacción de los expertos fue comedida.
Tal es el caso de analistas como Julian Evans-Pritchard, de Capital Economics, quien sostiene que si bien la desescalada elimina la amenaza inmediata de nuevas alzas arancelarias, «las fuerzas subyacentes que separan a EE. UU. y China siguen sin resolverse», lo que implica que «las tensiones podrían estallar de nuevo fácilmente».
Los temas geopolíticos más espinosos que alimentan la rivalidad, como la soberanía de Taiwán y las disputas territoriales en el Mar de China Meridional, no fueron abordados en la cumbre, según confirmó Trump. Esto refuerza la opinión de que las tensiones fundamentales persistirán.
En este contexto, Lorraine Tan, directora de investigación de acciones en Morningstar, proyecta que las tasas arancelarias estadounidenses a los productos chinos se mantendrán elevadas (cercanas al 47% a corto plazo), y que la probabilidad de una mayor «disociación» (decoupling) económica entre las dos potencias es alta. Esta disociación está impulsada por la política «America First» de EE. UU. y la prioridad de autosuficiencia tecnológica de China.
El futuro de la relación: Más Allá de Busán
La reunión de Busán, la primera en seis años entre ambos líderes, ha servido para desactivar una crisis comercial inminente y restablecer el diálogo de alto nivel. Trump y Xi acordaron mantener interacciones periódicas, con el líder estadounidense de 79 años planeando una visita a China en abril y Xi, de 72, visitando EE. UU. en una fecha posterior.
Además, el encuentro se puede interpretar como un pacto de conveniencia y una muestra de pragmatismo económico. China obtiene un respiro en los aranceles y la oportunidad de reabastecer sus reservas de soja, y EE. UU. logra una victoria visible en la cadena de suministro de minerales críticos.
Sin embargo, el «gran acuerdo comercial» prometido por Trump en 2018 aún está pendiente. El propio presidente reconoció que las conversaciones «continuarán durante mucho tiempo» y que cualquier acuerdo futuro sería sujeto a renegociación anual.
En conclusión, la tregua de APEC es un paréntesis bienvenido para la economía global, pero no elimina la rivalidad estratégica por el dominio tecnológico y geopolítico. Los mercados seguirán atentos, sabiendo que la Pax Commercium entre las dos superpotencias pende de un hilo diplomático tan frágil como fundamental.

