Los nuevos gravámenes que entrarán en vigor en enero de 2026 amenazan con encarecer hasta 35% los juguetes en México, en un sector de la industria que depende críticamente de insumos chinos que no produce el país.
La industria juguetera mexicana enfrenta una de sus mayores crisis en décadas. Los aranceles aprobados por el Congreso en diciembre de 2025 contra productos de países sin tratado de libre comercio —principalmente China— prometen proteger a los fabricantes nacionales, pero paradójicamente podrían asfixiarlos. La razón es simple y devastadora: México no produce los insumos que su propia industria necesita para competir.
«Estamos totalmente de acuerdo con la política proteccionista, pero solo para aquellos sectores que sean autosuficientes, y la industria del juguete no lo es», advirtió Miguel Ángel Martín González, presidente de la Asociación Mexicana de la Industria del Juguete (AMIJU), ante un auditorio que en el Foro México-China 2025 escuchaba con preocupación el dilema que se avecina.
La AMIJU, fundada en 1991, agrupa a 38 empresas que representan el 80% de un mercado que genera 2,800 millones de dólares anuales. Nombres como Mattel, que controla el 22% del mercado, Lego (10%) y Hasbro (11%) tienen operaciones significativas en México, principalmente en Monterrey y el área metropolitana de Nuevo León. Pero todas, sin excepción, dependen de una cadena de suministro que tiene a China como eslabón fundamental.
La trampa de la dependencia de insumos
La ecuación es demoledora: México consume alrededor de 8 millones de toneladas anuales de poliolefinas —derivados del petróleo esenciales para fabricar plásticos—, pero Pemex solo produce 2 millones. El 75% restante debe importarse, principalmente desde China.

«Ningún particular está facultado para poner una refinería y la industria consume alrededor de ocho millones de toneladas de poliolefinas al año. Pemex antes producía y era autosuficiente, pero en la actualidad solo produce dos millones de toneladas», explicó Martín González, evidenciando un problema estructural que ningún arancel puede resolver de la noche a la mañana.
Pero el asunto no termina ahí. Los chips de luz y sonido que incorporan los juguetes modernos —desde muñecas que hablan hasta autos a control remoto— tampoco se fabrican en México. La maquinaria para modernizar las plantas también proviene, en gran medida, de fabricantes asiáticos.
«Si tú les pones un arancel del 30% para que se active la producción nacional, no la hay, es imposible», argumentó el dirigente empresarial durante el Foro, donde más de 180 líderes empresariales y funcionarios intentaban encontrar respuestas a un problema que parece no tenerlas.
El golpe arancelario: 35% más caro en 2026
Los aranceles aprobados entrarán en vigor el 1 de enero de 2026 y afectan 1,463 fracciones arancelarias, de las cuales 37 corresponden específicamente al sector juguetes. Los gravámenes van del 10% al 50%, aunque la mayoría se estableció entre 20% y 35%.
Para la industria juguetera, el impacto será brutal. El 50% del costo de producción de los juguetes depende de insumos plásticos. AMIJU estima que el encarecimiento de estos materiales podría elevar hasta en 35% el precio final de los juguetes fabricados en el país.
Esto significa que ese Barbie o Hot Wheels que hoy cuesta 300 pesos podría llegar a costar más de 400 pesos en 2026. Y no será culpa de los fabricantes mexicanos, sino de una política que no consideró las dependencias estructurales de cada sector.
«Queremos competir desde México, no quedar fuera por un diferencial arancelario», sentenció González, resumiendo la frustración de una industria que ve cómo se cierra la ventana de oportunidad justo cuando estaba por abrirse de par en par.
La oportunidad perdida del nearshoring
La ironía es que México estaba perfectamente posicionado para aprovechar la reconfiguración de las cadenas globales de suministro. La guerra comercial entre Estados Unidos y China había comenzado a expulsar producción del gigante asiático, y México era el destino natural.
Las cifras lo confirman: en 2022, Lego expandió su planta de Monterrey con una inversión de 507 millones de dólares, convirtiéndola en la más grande del mundo. Ese mismo año, Mattel invirtió más de 1,000 millones de pesos en su planta de Escobedo para fortalecer su estrategia de abastecimiento del mercado norteamericano.

Estados Unidos consume alrededor de 40,000 millones de dólares al año en juguetes. México apenas exporta entre 1,200 y 1,500 millones de dólares. «En cinco años podríamos triplicar esa cifra», había proyectado González con optimismo hace apenas unos meses.
Pero ahora, con los costos de producción disparándose por los aranceles a insumos chinos, mientras que los fabricantes asiáticos no enfrentan estas limitaciones, México corre el riesgo de quedar fuera de la competencia.
«Si no ponen el piso parejo y nos suben los costos, no nos permiten ser competitivos, tanto para la demanda nacional como para la demanda internacional que va a ser una mina por explotar», advirtió el presidente de AMIJU.
El lado oscuro: más contrabando
Como si el panorama no fuera suficientemente complicado, AMIJU advierte sobre otro efecto colateral: el aumento del contrabando.
El mercado negro ya representa el 10% de las ventas anuales del sector, generando pérdidas de aproximadamente 280 millones de dólares al año. Los juguetes ilegales chinos, además de ser inseguros y fabricados con materiales de baja calidad que pueden contener sustancias tóxicas, entran al país sin pagar impuestos y compiten deslealmente con la producción formal.
«La mayoría de nuestras ventas son en centros comerciales con facturación total, por lo que el contrabando bronco no factura nada y no paga impuestos», señaló Martín, preocupado porque los aranceles podrían hacer aún más atractivo el mercado ilegal.
Con juguetes formales 35% más caros, ¿cuántas familias optarán por el Spiderman pirata que venden en el tianguis a mitad de precio, aunque no cumpla normas de seguridad?
«El Congreso votó viendo hacia el norte»
El Dr. Enrique Dussel, de Cechimex y uno de los principales expertos en relaciones México-China, fue contundente en su diagnóstico durante el Foro: «Los mexicanos no conocen China y se generan mitos, por ello este paquete arancelario es un sinsentido. El Congreso votó viendo hacia el norte».
La crítica apunta a que la decisión se tomó más pensando en agradar a Washington —en el contexto de la revisión del T-MEC en 2026— que en la realidad de las cadenas productivas mexicanas.
Amapola Grijalva, de la Junta de Gobierno de la Cámara de Comercio y Tecnología México-China, fue incluso más directa: «La imposición de aranceles sin un análisis completo de sensibilidad y con la premura con la que se aprobó tendrá consecuencias inmediatas: deterioro en la calidad de los productos importados, aumento en la propensión al contrabando y una pérdida consistente en la competitividad de nuestros productos y exportaciones».
La propuesta: «China + México», no «China vs. México»
En el Foro México-China 2025, empresarios de diversos sectores —desde válvulas hasta juguetes— coincidieron en una visión: el nearshoring tiene más sentido cuando se entiende como «China + México», no como «China vs. México».
La lógica es simple: la industria mexicana que incorpora insumos, maquinaria y tecnología de China tiene una fuente cierta de competitividad para abastecer el mercado norteamericano. Intentar sustituir a China de la noche a la mañana es, simplemente, imposible.

AMIJU ha solicitado al gobierno federal una serie de medidas para enfrentar la crisis:
Mesa técnica permanente: Un espacio de diálogo entre productores de resinas, transformadores y fabricantes de juguetes para evaluar capacidades reales de abasto y cuellos de botella logísticos.
Transición gradual: Implementar un periodo de entre 3 y 5 años para lograr la sustitución de importaciones con certidumbre regulatoria, disponibilidad de insumos y financiamiento para modernizar procesos.
Apoyo financiero: Créditos a tasas preferenciales para modernización y compra de maquinaria, apoyo en gastos operativos como energía eléctrica, y desarrollo de talento mexicano en innovación.
Análisis diferenciado: Considerar el impacto específico en pequeñas y medianas empresas, que son las más vulnerables ante incrementos abruptos de costos.
Diciembre 2025: el último diciembre barato
Mientras las negociaciones continúan, la industria juguetera vive su última temporada navideña con precios «normales». Diciembre representa el 65% de las ventas anuales del sector, y este año proyectan superar los 1,820 millones de dólares solo en este mes.
Padres de familia hacen filas en centros comerciales para cumplir las peticiones de sus hijos a Santa Claus y los Reyes Magos, sin saber que quizá sea la última vez en mucho tiempo que un juguete cueste lo que hoy cuesta.
A partir del 1 de enero de 2026, cuando entren en vigor los aranceles, comenzará una nueva realidad para la industria juguetera mexicana. Una realidad donde fabricar un juguete nacional será más caro, competir con Asia será más difícil, y las familias mexicanas pagarán la factura.
«México debe decidir si quiere desarrollar e intercambiar con China», reflexionó Amapola Grijalva. «Este Foro será la base para avanzar en estas definiciones desde el sector empresarial. Nadie dude que tenemos la capacidad de dialogar con madurez y construir soluciones conjuntas».
Pero el reloj corre. Faltan apenas días para que los aranceles entren en vigor, y la industria juguetera mexicana sigue sin respuestas claras sobre cómo sobrevivirá a una política que, diseñada para protegerla, podría terminar asfixiándola.
La pregunta ya no es si los juguetes subirán de precio. La pregunta es cuánto, y si la industria nacional podrá sobrevivir mientras tanto.

