El giro verde de China

Durante el XIV Plan Quinquenal (2021–2025), China consolidó avances estructurales en su transición ecológica y en la reducción de emisiones de carbono, según datos difundidos por el Ministerio de Ecología y Medio Ambiente. Lejos de tratarse de ajustes marginales, el período dejó hitos que reconfiguran el perfil energético e industrial del país.

En una reciente rueda de prensa, funcionarios del ministerio destacaron que China logró establecer el mayor sistema de suministro de energía limpia del mundo, junto con el mayor sistema de producción de acero limpio a escala global. Ambos sectores, históricamente intensivos en emisiones, fueron clave en la estrategia china para reducir su huella ambiental sin frenar el crecimiento económico.

El avance también se refleja en el transporte. La tasa de penetración de los vehículos de nueva energía superó el 50 % del mercado nacional, mientras que el transporte limpio alcanzó una participación del 78 % en regiones e industrias clave. Estos números confirman que la electrificación y la descarbonización ya no son políticas piloto, sino componentes centrales del modelo de desarrollo.

Uno de los pilares del proceso fue la creación del mayor mercado de comercio de emisiones de carbono del mundo. A fines de 2025, el volumen acumulado de derechos de emisión negociados alcanzó los 865 millones de toneladas, con un valor total de transacción de 57.663 millones de yuanes, equivalentes a unos 8.290 millones de dólares. Más allá de las cifras, el sistema introdujo señales de precio al carbono en sectores estratégicos, alineando incentivos económicos con objetivos climáticos.

En paralelo, China puso en marcha un mercado nacional voluntario de comercio de emisiones de gases de efecto invernadero y avanzó en la construcción de un sistema de gestión de la huella de carbono de los productos. Estas herramientas apuntan a integrar el control ambiental en toda la cadena productiva, desde la fabricación hasta el consumo.

El ministerio también subrayó la publicación de la “Estrategia nacional de adaptación al cambio climático 2035”, orientada a fortalecer la resiliencia en áreas sensibles como la agricultura, las ciudades y las infraestructuras críticas. La adaptación, en este esquema, aparece como complemento indispensable de la mitigación.

Según la evaluación oficial, en los últimos cinco años la llamada “nueva productividad de calidad” se convirtió en un motor del desarrollo, acelerando el paso hacia una economía verde y baja en carbono. El mensaje es claro: para China, la transición ecológica dejó de ser un costo y pasó a funcionar como un factor estructural de competitividad y transformación económica.

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