Hoy se cumpliría un nuevo aniversario del nacimiento de Franco Macri. Nacido en Roma el 15 de abril de 1930, este empresario ítalo-argentino fue, durante décadas, el hombre que más temprano entendió lo que China significaba para América Latina — y que más pagó el precio de esa visión adelantada a su tiempo.
Su relación con el gigante asiático no empezó con los autos. El primer encuentro documentado entre Macri y China se remonta a 1988, cuando la máxima autoridad del Partido Comunista Chino lo visitó en su quinta Los Abrojos y le ofreció oficiar de nexo entre las empresas estatales chinas y América Latina. Fue el inicio de un vínculo que duraría toda su vida. Al año siguiente, Franco viajaría a China con su hijo, Mauricio.

Esa lógica fue la que lo llevó a Chery. En 2007 concretó su sociedad con la automotriz china y lanzó en el mercado regional dos modelos que nadie esperaba: el QQ, un compacto urbano y accesible, y el Tiggo. En el invierno de 2008, en un evento en el Hipódromo de Palermo, presentó el Tiggo junto a empresarios chinos — un SUV basado en una vieja generación de la Toyota RAV4 que, por su diseño, equipamiento y precio competitivo, se convirtió para sorpresa de muchos en un suceso de ventas. El Tiggo montaba un motor de 2000 cc Mitsubishi de 16 válvulas, 127 CV, ABS, doble airbag y frenos a disco. Y cargaba además un hito histórico: fue el primer auto chino fabricado fuera de China.
Hacia el año 2000, ya retirado de los mercados donde había actuado por seis décadas, Macri fue designado por la Asociación para la Promoción y el Desarrollo Industrial de la República Popular de China como Consejero Senior para Inversiones en Latinoamérica, cargo que ocupó hasta sus últimos días con oficinas en Beijing, Buenos Aires y varias capitales de la región. Vivía seis meses al año en la capital china. Mientras la mayoría de los empresarios argentinos veían a China como un mercado para expandir sus exportaciones, Macri siempre apostó a la relación inversa: el interés chino por expandirse en América Latina.

Se ensambló en Uruguay porque la Argentina no lo permitió. El propio Macri lo explicó sin vueltas: «Porque la Argentina no me permitió poner la fábrica acá. Fue el ex ministro de Economía Roberto Lavagna personalmente el que me dijo: ‘No te damos la autorización’». La oportunidad perdida fue enorme.
Una terminal radicada en Argentina en ese momento habría permitido abastecer al Mercosur con vehículos accesibles y tecnología asiática de vanguardia, competir con las terminales europeas y japonesas ya instaladas, y convertir al país en el hub regional de la industria automotriz china antes que nadie. Lo que no pudo ser en Argentina, lo hizo Brasil: Chery instaló allí su planta en 2017. Más recientemente se instalarían también otros gigantes como BYD y Changan.
La planta uruguaya cerró en 2015. La firma argumentó la coyuntura económica de Brasil y Argentina, las restricciones cambiarias y las demoras en los trámites de importación. Franco Macri falleció en marzo de 2019 sin haber podido ver cumplido su sueño de fabricar autos chinos en la Argentina, aunque hoy en el país se venden múltiples marcas de autos chinos.
Lo que sí vio, con décadas de anticipación, fue la magnitud de lo que China iba a ser para el mundo automotriz a nivel global.

