Xi recibe a la líder del KMT en Beijing: qué implica la primera visita cruzada en una década

El presidente chino Xi Jinping recibió este viernes a Cheng Li-wun, presidenta del Kuomintang (KMT), el principal partido opositor de Taiwán, en el Gran Palacio del Pueblo en Beijing, en el primer encuentro oficial entre los líderes del PCCh y el KMT en casi una década. La reunión, que cierra una visita de seis días al continente, tiene implicaciones que van mucho más allá de la política intraestrechos: involucra la agenda del próximo encuentro Trump-Xi, el equilibrio interno en Taiwán y la narrativa global sobre quién controla el tablero en torno a la isla.

La visita paso a paso

Cheng Li-wun visitó el continente del 7 al 12 de abril, con escala en Nanjing, Shanghai y Beijing. El itinerario fue calculado con precisión simbólica y política.

En Nanjing, la delegación rindió homenaje en el Mausoleo de Sun Yat-sen, fundador del KMT y figura común tanto para el partido como para el PCCh en su narrativa de la nación china. El gesto apuntó a reforzar la idea de una herencia cultural compartida.

En Shanghai, Cheng se reunió con cerca de 300 representantes de empresas taiwanesas radicadas en el continente, donde reiteró que «solo la paz puede traer prosperidad a Taiwán». También visitó la sede de Meituan y experimentó entregas con drones, señalando interés en la economía de baja altitud como área de cooperación potencial. Por la noche se reunió con el secretario del Partido en Shanghai.

El 10 de abril a las 11 de la mañana, Cheng se reunió con Xi Jinping en la Sala del Este del Gran Palacio del Pueblo. Xi estuvo acompañado por Wang Huning, presidente de la CPPCC, Cai Qi, director de la Oficina General del PCCh, Song Tao, director de la Oficina de Asuntos de Taiwán, y Zheng Shanjie, presidente de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma. La composición de la delegación china, con figuras clave del aparato político-económico, subraya el peso que Beijing le asignó al encuentro.

Lo que dijo Xi, lo que dijo Cheng

Xi llamó a «salvaguardar la patria común a través del desarrollo pacífico» y afirmó que «la clave reside en reconocer que ambos lados del estrecho pertenecen a una sola China». Señaló que «Taiwan independence» es el principal culpable de la inestabilidad y que Beijing «dará lo mejor de sí para avanzar en cualquier iniciativa que promueva el desarrollo pacífico». Cheng, por su parte, declaró que el KMT y el PCCh deben mantener el Consenso de 1992 como base política común, fortalecer la confianza mutua, preservar la historia china, promover la cultura china y expandir los intercambios en todos los campos.

El contexto que convierte esto en algo más que una visita de partido

El timing no es casual. La visita se produce antes de la esperada cumbre Trump-Xi en Beijing en mayo, un encuentro donde Taiwán figurará entre los temas más espinosos. Muchos habían asumido que el viaje de Cheng vendría después del de Trump. En cambio, Beijing adelantó la visita, lo que en la superficie separa los dos eventos y refuerza el argumento chino de que Taiwán es un asunto puramente doméstico.

La señal hacia Washington. Beijing no está hablando solo con Taiwán: también le está diciendo a Estados Unidos que la cuestión taiwanesa no puede ser moldeada únicamente por Washington a través de la disuasión, la venta de armas y la diplomacia de alto nivel. Para Beijing, Taiwán no es un asunto internacional a gestionar conjuntamente, sino una cuestión doméstica distorsionada por interferencia externa.

La presión sobre el gasto en defensa. El KMT de Cheng está bloqueando en el parlamento taiwanés el proyecto de ley de gasto especial en defensa por 40.000 millones de dólares propuesto por el gobierno del DPP, que en parte se destinaría a comprar más armas a Estados Unidos. La visita refuerza la posición del KMT de que el diálogo, y no el rearme, es el camino.

El factor Trump. Analistas señalan que Beijing busca capitalizar los temores de que Trump vea a Taiwán como una mera ficha en el conflicto más amplio con China y no esté interesado en su futuro a largo plazo. En una llamada en febrero, Xi advirtió a Trump que «Taiwán jamás podrá separarse de China» y que «Estados Unidos debe manejar con prudencia el tema de las ventas de armas a Taiwán».

Las lecturas analíticas

Los analistas ofrecen tres interpretaciones que no se excluyen entre sí:

La primera es la del frente unido. Chen Fang-yu, politólogo de la Universidad Soochow en Taipei, advierte que Cheng podría estar jugando en favor de la estrategia del «Frente Unido» de Beijing, que utiliza la bienvenida a políticos taiwaneses para enfatizar que Taiwán es un asunto interno de China.

La segunda es la del reposicionamiento interno del KMT. George Yin, investigador del Centro de Estudios de China de la Universidad Nacional de Taiwán, señala que cuando Cheng dice que «Taiwán no tiene que elegir entre China y Estados Unidos», eso representa una desviación significativa de la línea tradicional del KMT. Aunque el encuentro quizás no lleve a cambios concretos de política, podría llevar a cambios políticos concretos, encerrando al KMT en una posición en la que antes no se habría sentido cómodo.

La tercera es la del riesgo acotado a corto plazo. Gabriel Wildau, director gerente de Teneo, sostiene que «el riesgo de una agresión repentina de Beijing contra Taiwán es menor de lo que muchos en Washington suelen asumir». El punto de inflexión más significativo, dice, vendría si el DPP gana un cuarto mandato presidencial consecutivo en 2028 y Xi asegura otro período en el Congreso del Partido de 2027.

La respuesta del gobierno de Taiwán

El presidente Lai Ching-te instó al KMT a respaldar sus planes de gasto en defensa y advirtió que «la historia nos dice que ceder ante poderes autoritarios solo sacrifica soberanía y democracia». El ministro para el Consejo de Asuntos del Continente, Chiu Chui-cheng, recordó que Cheng puede visitar China, pero no está autorizada a negociar en nombre del gobierno electo de Taiwán.

La visita no cambia la ecuación de fuerza en el estrecho. Lo que sí cambia es el escenario político en el que Trump y Xi se sentarán en mayo: Beijing llega a esa mesa habiendo demostrado que tiene canales propios hacia Taiwán, que la paz tiene defensores internos en la isla, y que el argumento del rearme como única garantía de estabilidad tiene un rival político concreto. Eso es exactamente lo que Beijing quería mostrar.

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