En menos de dos meses, el gobierno español despachó al presidente y a su vicepresidenta a Pekín. La oposición madrileña respondió con críticas, pero sin agenda alternativa.
España está en modo China. En apenas cuarenta días, el presidente del gobierno Pedro Sánchez y la vicepresidenta segunda Yolanda Díaz viajaron a Beijing en visitas oficiales separadas, con agendas distintas pero un mensaje común: Madrid quiere profundizar su relación con la segunda economía del mundo en un contexto global marcado por la guerra arancelaria y el reordenamiento de las cadenas de suministro.
Sánchez abrió el camino en abril
El presidente Sánchez visitó China a mediados de abril en lo que fue su cuarto viaje oficial al país en cuatro años. La agenda incluyó una reunión con el presidente Xi Jinping, la firma de 19 acuerdos en áreas económicas, científicas, ecológicas y culturales, y la creación de un Diálogo Estratégico Permanente entre ambos países. En materia comercial, se formalizaron protocolos para ampliar las exportaciones agroalimentarias españolas —pistachos, higos secos, proteínas de porcino— y se firmaron memorandos de cooperación en transporte sostenible y cadenas de suministro industrial.
El viaje estuvo acompañado de polémica doméstica. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, calificó el acercamiento a Beijing como una alianza con «uno de los regímenes con los casos más graves de represión y crímenes de Estado», y preguntó irónicamente si a Sánchez «le da envidia» el modelo chino. Desde Washington, el secretario del Tesoro Scott Bessent ya había advertido en 2025 a Madrid sobre los riesgos de alinearse con China.
Díaz llegó con el foco en el empleo
Un mes después, fue el turno de Yolanda Díaz. La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo realizó su primera visita oficial a China con una agenda centrada en el mercado laboral y la innovación tecnológica. Se reunió con el vicepresidente chino Han Zheng, con quien compartió la defensa del multilateralismo frente a los aranceles unilaterales, y mantuvo encuentros con las empresas AgiBot, Geely, SAIC y CITIC para explorar programas de formación orientados a cualificar trabajadores españoles en los perfiles que estas compañías requieren para sus operaciones en España.
La vicepresidenta participó además en la IV Cumbre Global de Promoción del Comercio y la Inversión en Beijing, donde defendió la necesidad de «construir un nuevo multilateralismo, más cooperación y unas relaciones internacionales basadas en reglas». Se reunió también con la consejera de Estado Shen Yiqin y la ministra de Recursos Humanos Wang Xiaoping para impulsar una agenda laboral conjunta que incluya marcos para la inteligencia artificial ética y el trabajo digno.
La posición de Ayuso: crítica sin contrapropuesta
La respuesta de Díaz Ayuso a esta ofensiva diplomática fue consistente en el tono pero escasa en sustancia. La presidenta madrileña rechazó que España se convierta en «la puerta de entrada a China» y equiparó el acercamiento al régimen chino con las alianzas del gobierno con Junts o el PNV, en lo que fue más una declaración de valores que una política alternativa.
Lo que Ayuso no ofreció fue una hoja de ruta diferente para gestionar la relación con el gigante asiático. En un contexto en que las empresas chinas —Geely, SAIC, CITIC, BYD— están tomando decisiones de inversión en Europa y en España específicamente, la ausencia de una estrategia regional desde Madrid contrasta con la actividad del gobierno central.
El trasfondo: Europa busca su lugar entre Washington y Beijing
El activismo diplomático español hacia China no ocurre en el vacío. En un escenario en que la guerra arancelaria entre Estados Unidos y China redefine las cadenas globales de valor, varios gobiernos europeos están posicionándose como interlocutores con Beijing sin romper con Washington. España, con una economía industrial relevante y puertos estratégicos en el Atlántico y el Mediterráneo, tiene razones propias para cultivar esa relación.
Lo que el viaje de Sánchez y la visita de Díaz dejan en claro es que el gobierno español ha tomado una decisión estratégica: estar presente en Beijing de manera sostenida y en todos los frentes, desde la diplomacia presidencial hasta la agenda laboral. Lo que aún no está claro es si esa presencia se traducirá en inversiones concretas y empleo de calidad, o si quedará en la foto y el comunicado.

