El efecto Trump: solo el 31% de los australianos confía en que EE.UU. actuará responsablemente en el mundo, el nivel más bajo desde que existe la encuesta. El sondeo anual del Lowy Institute revela que la brecha de confianza entre Washington y Pekín se redujo a apenas tres puntos porcentuales, mientras el 61% de los encuestados ve a China más como socio económico que como amenaza de seguridad, una reversión significativa respecto a los años de mayor tensión bilateral.
La encuesta anual del Lowy Institute —el barómetro de opinión pública más influyente de Australia sobre política exterior, seguido de cerca por la diplomacia acreditada en Canberra— registró este año una caída sin precedentes en la confianza hacia Estados Unidos. Solo el 31% de los australianos considera que Washington actuará responsablemente en el mundo, frente al 65% que lo creía en 2022. En paralelo, la confianza en China subió ocho puntos hasta el 28%, llevando la diferencia entre ambas potencias a apenas tres puntos.
La contracción es aún más pronunciada cuando el foco se pone en los líderes: solo el 21% de los australianos confía en que Donald Trump hará lo correcto en los asuntos mundiales, el nivel más bajo registrado para cualquier presidente estadounidense en la historia del sondeo. Esa cifra es casi idéntica al 20% que expresa confianza en el presidente chino Xi Jinping.

Charles Lyons-Jones, autor del informe del Lowy Institute, señaló que los australianos manifiestan un «fuerte rechazo al trumpismo y su agenda de políticas», con desaprobación extendida hacia medidas como la presión sobre Dinamarca para que ceda control soberano sobre Groenlandia y el uso de aranceles como herramienta de coerción sobre terceros países.
La alianza con EE.UU. resiste, pero con menos margen
Pese al desplome de la confianza en Trump y en el país, el apoyo a la alianza bilateral se mantiene mayoritario: el 73% de los encuestados la considera «muy» o «bastante» importante para la seguridad de Australia. El dato representa una caída de diez puntos respecto al 83% registrado en 2024, aunque aún supera el piso histórico del 63% alcanzado en 2007, durante la guerra de Irak bajo la administración de George W. Bush.
Lyons-Jones interpretó esa persistencia como una señal de pragmatismo: los australianos reconocen que el entorno de seguridad regional se deteriora y valoran el respaldo que ofrece una alianza consolidada, incluso cuando desconfían de quien la encabeza. El apoyo mayoritario al despliegue de fuerzas estadounidenses en suelo australiano refuerza esa lectura.

China, beneficiaria de la erosión trumpista
El giro en la percepción de China es uno de los datos más relevantes del informe. El 61% de los australianos ve hoy a Pekín principalmente como un socio económico antes que como una amenaza de seguridad, once puntos más que en la encuesta anterior y la primera mayoría clara en ese sentido desde 2020. El contraste con 2021 —año en que las relaciones tocaron fondo y China impuso aranceles punitivos sobre exportaciones australianas por miles de millones de dólares— es marcado: en ese momento, el 63% lo percibía como una amenaza y solo el 33% como socio.
Lyons-Jones atribuyó el cambio a dos factores que se potencian mutuamente: la importancia de China como principal socio comercial de Australia en un contexto de creciente pesimismo económico doméstico, y el efecto de contraste generado por el rechazo al trumpismo. En sus palabras, China es «un claro beneficiario de la mengua de confianza en Trump».
El mapa de confianza en el Indo-Pacífico
El sondeo confirma que Japón sigue siendo la potencia más valorada por los australianos, con un 89% que confía en su comportamiento internacional, seguido por Alemania con el 83% y el Reino Unido con el 81%. India e Indonesia generan percepciones más tibias: el 57% confía en Jakarta y solo el 50% en Nueva Delhi. En el termómetro de afinidad hacia países, Nueva Zelanda encabeza la lista por amplio margen.
Entre los líderes mundiales, el primer ministro canadiense Mark Carney lidera el ranking de confianza con el 66%, seguido de cerca por el premier neozelandés Christopher Luxon, el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky y la primera ministra japonesa Sanae Takaichi.

