Patrulleras de la Guardia Costera japonesa buscaron resguardo en aguas del estrecho la semana pasada ante la llegada del tifón Bavi a Okinawa, una práctica habitual que también siguieron buques de otros países. Tokio rechazó la protesta de Beijing, en un nuevo episodio que refleja el deterioro del vínculo bilateral.
China presentó una protesta ante Japón por vías diplomáticas luego de que patrulleras de la Guardia Costera japonesa se refugiaran en el estrecho de Taiwán la semana pasada, mientras el tifón Bavi se aproximaba a la prefectura sureña de Okinawa, según revelaron fuentes diplomáticas citadas por la agencia Kyodo News este lunes.
El detalle que vuelve llamativa la queja china es que las embarcaciones japonesas no estaban solas: buques de otros países también se resguardaban en la zona en ese momento, de acuerdo con una fuente del gobierno japonés. Además, los barcos de la Guardia Costera de Japón ya se habían refugiado de tifones en aguas internacionales del estrecho en ocasiones anteriores sin que ello escalara a un incidente diplomático.
«Hipersensibilidad» en un vínculo deteriorado
La propia fuente gubernamental japonesa ofreció la lectura política del episodio: China podría estar hipersensible debido al deterioro de los lazos sino-japoneses. Tokio, según las fuentes, respondió a Beijing que no podía aceptar la protesta.
El antecedente más directo confirma que no se trata de un reflejo nuevo: en septiembre de 2022, China ya había presentado una protesta ante Japón porque sus patrulleras permanecieron en el estrecho de Taiwán mientras se resguardaban de un tifón.
El trasfondo: quién manda en el estrecho
Detrás de la escaramuza diplomática hay una disputa jurídica de fondo que explica la reacción china. Beijing sostiene que el estrecho de Taiwán forma parte de sus aguas jurisdiccionales y rechaza la categoría de «aguas internacionales» para el corredor, mientras que Japón, Estados Unidos y buena parte de la comunidad internacional consideran que el estrecho incluye franjas de alta mar donde rigen las libertades de navegación.
Bajo esa lógica, para China cada buque oficial extranjero que permanece en el estrecho —aunque sea huyendo de un tifón— constituye una afirmación práctica de la posición contraria, y cada protesta es una reafirmación de la propia.
El episodio se suma así a la serie de fricciones que atraviesan la relación entre las dos mayores economías de Asia oriental, donde hasta un refugio meteorológico puede convertirse en materia de nota diplomática.

