Trump acusa a China de interferencia electoral y tensiona la agenda bilateral en la previa de la visita de Xi

El presidente estadounidense reflotó denuncias sin evidencia sobre la elección de 2020 en plena distensión con Beijing. La Cancillería china las rechazó y la cumbre con Xi Jinping, prevista para septiembre en Washington, quedó bajo un signo de interrogación.El presidente estadounidense Donald Trump dedicó buena parte de un discurso en horario central, pronunciado el jueves desde la Casa Blanca, a acusar a China de haber interferido en elecciones clave de Estados Unidos. Las declaraciones sorprendieron por su timing: llegan en pleno proceso de distensión bilateral y apenas dos meses después de que Trump y el presidente chino Xi Jinping acordaran en Beijing encaminar la relación hacia un vínculo «constructivo y estable».

Entre las afirmaciones —que no cuentan con respaldo probatorio— el mandatario sostuvo que China obtuvo de manera ilícita los archivos de 220 millones de votantes estadounidenses durante el ciclo electoral de 2020, con datos sensibles como nombres, domicilios, teléfonos y preferencias partidarias. Trump calificó esa supuesta fuga de información como una amenaza inédita para la seguridad electoral del país.

El fantasma de 2020 y el cálculo de medio término

La ofensiva retórica no puede leerse por fuera del calendario político interno. Trump, que insiste desde hace años en que la elección presidencial de 2020 —en la que resultó derrotado— le fue «robada», vuelve a instalar dudas sobre la infraestructura electoral estadounidense a pocos meses de las legislativas de medio término de noviembre, en un contexto de baja aprobación de su gestión.

El antecedente juega en contra de la Casa Blanca: una evaluación de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos, desclasificada en marzo de 2021, no encontró evidencia de que China hubiera intentado influir indebidamente en los comicios de 2020. No es la primera vez que Trump formula acusaciones de este tipo; ya lo había hecho durante su primer mandato, entre 2017 y 2021.

Como refuerzo de su ofensiva, la Casa Blanca lanzó el jueves por la noche un sitio web dedicado a la «integridad electoral», con documentos de inteligencia desclasificados que, según el gobierno, sustentan las denuncias presidenciales. En el mismo discurso, Trump apuntó contra las cadenas de televisión que decidieron no transmitir en vivo sus palabras y amenazó con revocarles las licencias de emisión.

La respuesta de Beijing y la cumbre en juego

La reacción china no tardó en llegar. El vocero de la Cancillería, Lin Jian, desestimó las acusaciones en conferencia de prensa el viernes, calificándolas de difamaciones maliciosas sin fundamento alguno. Consultado sobre el impacto que los dichos podrían tener en la visita de Xi a Estados Unidos, Lin instó a Washington a no convertir a China en un tema de campaña electoral y a trabajar en beneficio de la relación bilateral.

El interrogante central es qué consecuencias tendrá la escalada verbal sobre la agenda diplomática. Tras el acuerdo alcanzado a mediados de mayo en Beijing, Trump tiene previsto recibir a Xi en la Casa Blanca en septiembre, en lo que sería la primera visita del líder chino a Washington de este ciclo. La realización de esa cumbre —y su clima— dependerá ahora de la reacción de Beijing y del recorrido que tomen las acusaciones en las próximas semanas.

El episodio ilustra una constante de la relación entre las dos mayores economías del mundo: incluso en fases de distensión, la política doméstica estadounidense opera como factor de volatilidad permanente sobre el vínculo con China, y el tablero electoral interno puede erosionar en días lo que la diplomacia construyó en meses.

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