Cómo está la tecnología maglev en China en 2026: de los trenes comerciales a los 1.000 km/h en tubo de vacío

China presentó en 2019 un prototipo de tren de levitación magnética (maglev) diseñado para alcanzar hasta 600 km/h. Siete años después, el país no solo superó esa marca, sino que además avanzó hacia una tecnología completamente distinta que promete triplicarla.

La tecnología maglev usa electroimanes que levantan y propulsan al tren sobre un colchón de aire, sin contacto entre ruedas y rieles. Al eliminar la fricción, estos trenes logran velocidades más altas que los convencionales, con menos ruido y vibración.

Lo que ya funciona: tres líneas comerciales

China cuenta hoy con tres líneas maglev comerciales operativas, según datos de mercado de 2026. La principal sigue siendo el Shanghai Maglev, que desde 2003 conecta el aeropuerto de Pudong con el centro de la ciudad —30 km en apenas 8 minutos— a una velocidad de crucero de 300 km/h, lo que la mantiene como el servicio maglev comercial más veloz del mundo.

A eso se suman líneas de baja y media velocidad, como la turística de Qingyuan, en Guangdong, que opera desde 2025 a 120 km/h y forma parte de una segunda generación de proyectos maglev urbanos y turísticos que China multiplicó en los últimos años.

Lo que sigue en pruebas: 600 y 650 km/h

El prototipo de CRRC de 600 km/h, fabricado en 2021, continúa en fase de pruebas técnicas, sin una fecha de entrada en servicio comercial confirmada. En paralelo, el Donghu Laboratory, en la provincia de Hubei, marcó en junio de 2025 un hito distinto: aceleró un vehículo de prueba de 1,1 toneladas hasta los 650 km/h en solo siete segundos, sobre una pista de apenas un kilómetro, gracias a un sistema de propulsión electromagnética de corto alcance.

El objetivo declarado de ese equipo es llegar a velocidades de crucero de 800 km/h y, eventualmente, unir Shanghái y Wuhan —810 km— en poco más de una hora.

La tecnología maglev usa electroimanes que levantan y propulsan al tren sobre un colchón de aire, sin contacto entre ruedas y rieles.

La novedad de 2026: el maglev en tubo de vacío

El salto más grande del año llegó en mayo, cuando la Corporación de Industria y Ciencia Aeroespacial de China completó una prueba a escala real de su sistema T-Flight, en la provincia de Shanxi. Se trata de una tecnología distinta a la de los prototipos anteriores: combina levitación magnética superconductora con tubos de bajo vacío que reducen drásticamente la resistencia del aire, en una lógica similar a la del hyperloop.

El ensayo se realizó sobre una línea experimental de dos kilómetros, y sus responsables sostienen que el sistema podría alcanzar en el futuro velocidades de hasta 1.000 km/h, acercándose al rendimiento de un vuelo comercial de corta o media distancia.

Qué falta para que sea realidad cotidiana

Ninguno de estos desarrollos —ni el CRRC de 600 km/h, ni el Donghu Lab de 650 km/h, ni el T-Flight de hasta 1.000 km/h— está todavía en servicio comercial. Todos comparten el mismo desafío: pasar de una pista de pruebas de uno o dos kilómetros a una infraestructura real de cientos de kilómetros, con la inversión y los tiempos de obra que eso implica.

China, de todos modos, ya es la potencia dominante en alta velocidad convencional, con más de 45.000 km de vías de este tipo —la mayor red del mundo— y una tecnología que exporta activamente a otros países. Japón, por su parte, sigue avanzando con su propia apuesta: la línea Chūō Shinkansen entre Tokio y Nagoya, con una velocidad operativa proyectada de 505 km/h, prevista para 2027, aunque acumula demoras por disputas ambientales en la prefectura de Shizuoka.

 

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