En un galpón industrial de Exeter, Nueva Hampshire, una gigantesca bandera estadounidense cuelga sobre bolsas de una tonelada cargadas con residuos de minería. Adentro de esos desechos hay elementos que la administración de Donald Trump considera de importancia nacional: la pequeña refinería Phoenix Tailings usa electrólisis para separar tierras raras y minerales críticos del polvo que dejan las minas tradicionales, en un intento por ayudar a Estados Unidos a romper el dominio que China ejerce sobre el procesamiento de estos materiales.
La compañía recibió un préstamo de 500 millones de dólares del Pentágono para construir, en un plazo de entre 14 y 18 meses, una nueva planta que amplíe drásticamente su capacidad de separación y metalización, justamente el eslabón más débil de la cadena estadounidense que va de la mina al imán.
Una carrera contra el tiempo
La tarea, que los trabajadores realizan con trajes resistentes al calor y máscaras faciales selladas, se volvió más urgente a medida que la guerra en Medio Oriente consume rápidamente el arsenal de municiones estadounidense, ya que los minerales críticos son un ingrediente clave en sistemas de armas ampliamente usados por Washington, como los misiles crucero Tomahawk, los interceptores THAAD y los cazas F-35. Mientras la Casa Blanca exige a los contratistas militares acelerar la producción de armamento, también impone reglas cada vez más estrictas que les prohíben abastecerse de componentes minerales críticos provenientes de China.
Anthony Balladon, director comercial y cofundador de Phoenix Tailings, reconoció que será un desafío enorme reponer las reservas y escalar la producción en los plazos que exigen tanto la demanda de defensa como la nueva normativa, aunque aseguró que la compañía está trabajando a fondo para ampliar su capacidad. Aunque Estados Unidos acelera la reconstrucción de su cadena de suministro doméstica para liberarse del control de su rival más formidable, la mayoría de las nuevas minas estadounidenses todavía están a años de distancia, por lo que extraer minerales de los residuos de minas existentes ayuda a cubrir la demanda mientras tanto.

Los planes de Phoenix Tailings
Tal como indica su nombre, Phoenix Tailings aprovecha los relaves —los residuos de la minería tradicional— además de imanes reciclados y discos rígidos, como materia prima para la separación y metalización, la etapa donde China tiene el control más firme. La empresa, con sede en Woburn, Massachusetts, planea construir una planta para extraer y producir metales críticos como neodimio, praseodimio, terbio, disprosio, samario e itrio, todos necesarios para las industrias de defensa, aeroespacial y automotriz.
Balladon explicó que la llaman «la planta de la Libertad» porque el objetivo final es que todo el hemisferio occidental, Estados Unidos y sus aliados queden libres de la influencia china en el rubro de las tierras raras. En la planta, técnicos con trajes resistentes al calor operan un sistema de cilindros, tubos, embudos y paneles de control que, mediante electricidad, remueve el oxígeno de los óxidos y los convierte en un metal grisáceo: neodimio-praseodimio, usado para fabricar los imanes permanentes extremadamente potentes que llevan cazas, misiles, sistemas de radar y drones.
Según Balladon, estos metales cumplen un rol desproporcionado dentro de los sistemas de defensa: un sistema de armas de 150 millones de dólares puede quedar inutilizado si le falta un componente mineral crítico que vale apenas entre 20.000 y 30.000 dólares. El sector de defensa estadounidense depende particularmente del samario, del que necesita entre 50 y 100 toneladas anuales, aunque la capacidad de producción nacional es todavía muy limitada.
Phoenix Tailings es una de las pocas compañías capaces de producir el metal final, aunque hoy su capacidad ronda apenas los 200 kilos anuales. Según Balladon, la empresa escalará hasta unas 5 toneladas en los próximos tres meses, pero recién en 2027 o 2028 alcanzaría su meta de 120 toneladas de capacidad.
Otro fabricante de imanes mira hacia Francia
Durante años, la firma estadounidense Arnold Magnetic Technologies dependió de China para obtener el samario con el que fabrica imanes extremadamente resistentes y estables a altas temperaturas, usados en misiles guiados de precisión como los Tomahawk. Esa dependencia ya no es sostenible, y la solución llegó desde un vestigio de la vieja industria europea de tierras raras: tierra minada y abandonada en la ciudad francesa de La Rochelle.
La belga Solvay, una compañía química, había dejado de separar y procesar tierras raras en ese yacimiento en la década de 2000, justo cuando China construía la mayor parte de la capacidad de procesamiento mundial con la determinación de dominar el sector. Recién en abril de 2025, cuando Beijing usó como arma su cuasi monopolio para cortar el flujo de materiales críticos procesados y forzar a Washington a retroceder en la guerra comercial, Solvay reactivó la separación de neodimio y praseodimio en La Rochelle, y este año amplió la operación a tierras raras pesadas como samario, disprosio y terbio.
Un vocero de la compañía explicó que este relanzamiento responde a varios factores combinados: la demanda creciente de imanes permanentes, el foco geopolítico cada vez mayor en la seguridad de la cadena de suministro, y una fuerte demanda de clientes en Europa y Estados Unidos por fuentes de abastecimiento más diversificadas, resilientes y trazables.
En Rochester, Nueva York, sede de Arnold, los costos más altos de Solvay frente a China no representaron un obstáculo, ya que los imanes de samario-cobalto que fabrica la empresa representan solo una porción menor del costo total de un sistema de armas, según explicó su CEO, Matt Blake. El aumento de la demanda de este tipo de imanes, además, jugó a favor de la compañía, según indicó Aaron Williams, su director comercial.
No todos los minerales son iguales
Brodie Sutherland, CEO de Patriot Critical Minerals Corp., una empresa que busca explorar y explotar tungsteno en suelo estadounidense, expresó su preocupación de que Estados Unidos no pueda prescindir del tungsteno chino después del 1 de enero de 2027, fecha límite fijada por el Pentágono. Según Sutherland, Estados Unidos depende totalmente de las importaciones, ya que China controla cerca del 80% de la oferta minera mundial y una porción todavía mayor del procesamiento posterior. Los esfuerzos por escalar la producción doméstica demandarán años, y mientras tanto el Pentágono y sus contratistas de defensa deberán apoyarse en los inventarios existentes, el reciclaje ampliado y fuentes limitadas ajenas a China.

La guerra con Irán y la orden de Trump sobre China generan presión y oportunidad
La necesidad de aumentar la producción se volvió más urgente a medida que la guerra con Irán erosiona las ya reducidas reservas de interceptores de misiles avanzados de las fuerzas armadas estadounidenses. Según un análisis del Center for Strategic and International Studies (CSIS), un centro de estudios de Washington, esto podría obligar a Estados Unidos y a sus aliados en Medio Oriente a asumir más riesgos para conservar esas defensas antiaéreas, lo que pondría en peligro a las tropas estadounidenses. El CSIS advirtió en mayo que reponer las reservas de Tomahawks, Patriots y THAADs podría demorar al menos tres años.
Todo esto también generó preocupación sobre una eventual reducción de la capacidad de fuego militar estadounidense en un futuro conflicto con China. Pero el mes pasado, Trump complicó aún más la ecuación al anunciar controles más estrictos para los contratistas de defensa que se abastecen de materiales críticos en China. Su orden ejecutiva, además, recorta la autoridad del Pentágono para otorgar exenciones cuando un contratista alegue «falta de disponibilidad» de una fuente doméstica, y cuestiona a los contratistas de defensa por no priorizar la producción nacional.
La orden, firmada el 20 de julio, establece que es política de Estados Unidos que tanto el equipamiento final desplegado por sus fuerzas armadas como los materiales y componentes críticos necesarios para fabricarlo, mantenerlo y repararlo, se obtengan de fuentes domésticas o de naciones aliadas.
Lockheed Martin señaló en un comunicado que evalúa de manera continua la cadena global de suministro de tierras raras para garantizar el acceso a los materiales críticos que sostienen las misiones de sus clientes. Otros grandes contratistas de defensa estadounidenses, como Raytheon Technologies y Northrop Grumman, no respondieron a los pedidos de comentarios de la agencia AP.
Balladon, de todos modos, se mostró confiado en que las empresas estadounidenses y sus socios pueden estar a la altura del desafío, siempre que cuenten con el apoyo adecuado en toda la industria.

