Ushuaia, el «Fin del Mundo» que fascina a China

Hay lugares que atraen por sus playas. Otros por sus monumentos. Y existen unos pocos que seducen por una idea.

Ushuaia pertenece a esta última categoría.

Para una parte creciente del público chino, la capital fueguina no es solamente una ciudad austral. Es un símbolo. Un punto final en el mapa. Un territorio donde termina el continente y comienza la inmensidad. El lugar donde la geografía se transforma en metáfora.

La expresión «Fin del Mundo» posee una fuerza extraordinaria en China. Quizás porque se trata de una civilización acostumbrada a pensar en grandes distancias, largas travesías y horizontes históricos. Quizás porque la propia cultura china ha cultivado durante siglos la fascinación por los confines, las fronteras lejanas y los viajes hacia territorios remotos.

En una sociedad donde millones de personas han comenzado a viajar al exterior en las últimas dos décadas, llegar al extremo sur del planeta tiene un valor que trasciende al turismo. Es una experiencia vital.

El atractivo de llegar hasta donde termina el mapa

Para un ciudadano de Beijing, Shanghái, Guangzhou, Jinan, Wuzi o Shenzhen, viajar a Ushuaia implica recorrer prácticamente medio planeta.

La distancia física es parte de la experiencia.

En las redes sociales chinas abundan las fotografías junto al cartel «Fin del Mundo», al puerto de Ushuaia o frente al famoso Faro Les Éclaireurs, conocido internacionalmente como el «Faro del Fin del Mundo», aunque técnicamente el faro inmortalizado por Julio Verne era el de San Juan de Salvamento, en la Isla de los Estados.

Portada del libro de Julio Verne que inmortalizó el Faro del Fin del Mundo.

Lo importante es la narrativa, más que la precisión geográfica.

China es una cultura donde los símbolos tienen enorme relevancia. Los lugares adquieren significado cuando representan algo más grande que sí mismos.

Y Ushuaia representa exactamente eso: el último punto antes de la Antártida.

El sueño blanco: la Antártida

Para muchos viajeros chinos, Ushuaia es también la puerta de entrada a la Antártida.

La creciente prosperidad de la clase media china ha impulsado el turismo polar. Cada año aumenta la cantidad de ciudadanos chinos que embarcan desde Ushuaia rumbo al continente blanco.

La Antártida ocupa un lugar singular en el imaginario chino contemporáneo.

Calle Wangfuying (Beijing). Venta de Ropa para el turismo antártico chino.

Es sinónimo de ciencia, aventura, exploración, naturaleza intacta y prestigio cultural.

China ha desarrollado una importante presencia científica antártica durante las últimas décadas mediante estaciones de investigación y programas polares. Ese esfuerzo científico ha contribuido a aumentar el interés del público por conocer personalmente el continente más remoto del planeta.

Para muchos turistas chinos, visitar Ushuaia y luego embarcar hacia la Antártida equivale a completar uno de los viajes más extraordinarios que puede ofrecer el siglo XXI.

Una antigua fascinación china por los horizontes lejanos

La atracción por los confines del mundo no es completamente nueva en la cultura china.

Desde los relatos clásicos sobre las regiones occidentales del imperio hasta los viajes del monje Xuanzang hacia la India, la literatura china ha cultivado durante siglos la idea de la travesía hacia territorios remotos.

Estatua de Xuanzang en Xi’an.

Las novelas clásicas, las leyendas taoístas y las narraciones históricas suelen describir lugares ubicados más allá de las fronteras conocidas.

No existe un concepto idéntico al «Fin del Mundo» occidental, pero sí una profunda tradición cultural vinculada a la búsqueda de los límites del espacio conocido.

En cierto sentido, Ushuaia conecta con esa tradición. Representa el último puerto antes de lo desconocido.

Wong Kar-wai y la construcción de un mito argentino

Pero existe otro factor menos evidente que ayuda a explicar la atracción china por la Patagonia austral.

En 1997, el célebre director hongkonés Wong Kar-wai estrenó la película Happy Together.

El film, considerado una obra maestra del cine asiático contemporáneo, fue rodado en parte en Argentina y convirtió a Buenos Aires y a las Cataratas del Iguazú en escenarios conocidos para millones de espectadores de habla china. La película obtuvo además reconocimiento internacional tras consagrar a Wong Kar-wai en el Festival de Cannes.

El «Faro del Fin del Mundo».

Aunque la trama se desarrolla principalmente entre Buenos Aires e Iguazú, la Argentina aparece retratada como un territorio lejano, melancólico y casi mítico.

Para generaciones de cinéfilos chinos esa imagen se expandió hacia la Patagonia y Ushuaia. El extremo sur argentino pasó a integrarse naturalmente a la idea de una tierra remota, romántica y extraordinaria.

Muchos viajeros asiáticos que descubren Argentina a través del cine terminan incorporando Ushuaia dentro de esa narrativa personal.

El poder de una marca que ningún publicista inventó

Pocas ciudades del mundo poseen una marca turística tan poderosa como Ushuaia.

París es la ciudad del amor. Nueva York es la ciudad que nunca duerme. Y Ushuaia es el Fin del Mundo.

No se trata de una campaña de marketing. Es una definición geográfica que se transformó en una marca global.

Crédito: Secretaría de Turismo de Ushuaia.

Para el turista chino, acostumbrado a destinos monumentales y masivos, existe algo particularmente atractivo en llegar a un lugar pequeño, remoto y rodeado por una naturaleza inmensa.

El Canal Beagle, las montañas nevadas, los bosques australes, el Faro del Fin del Mundo, los cruceros antárticos. Todo forma parte de una experiencia difícil de replicar en cualquier otro punto del planeta.

Más que turismo: una experiencia simbólica

Cuando un visitante chino fotografía el cartel de Ushuaia no está simplemente registrando una ciudad. Está documentando una conquista personal. Ha llegado hasta el final de América. Ha alcanzado uno de los extremos habitados de la Tierra. Ha recorrido una distancia que para muchas generaciones anteriores resultaba inimaginable.

Por eso el atractivo de Ushuaia en China va más allá del turismo convencional. Combina aventura, prestigio cultural, exploración polar, cine, geografía extrema y una antigua fascinación humana por los límites.

En una época donde casi todo parece accesible a un clic de distancia, el Fin del Mundo conserva algo excepcional: sigue siendo un lugar que hay que ir a buscar.

Y para miles de viajeros chinos, esa búsqueda apenas está comenzando.

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