Un repartidor de delivery gana el máximo premio literario de China con poemas sobre la economía gig

Wang Jibing, de 56 años, obtuvo el Premio Literario Lu Xun por Vuelo bajo, un poemario construido a partir de entrevistas con más de 140 repartidores. Su consagración marca un giro en el mundo literario chino, que empieza a reconocer las voces surgidas del trabajo manual y las plataformas digitales.

Un repartidor de comida a domicilio acaba de conquistar uno de los mayores honores de las letras chinas. Wang Jibing, de 56 años y oriundo de la provincia oriental de Jiangsu, ganó el premio de poesía en la novena edición del Premio Literario Lu Xun por su colección Vuelo bajo, una obra dedicada a las esperanzas y las presiones cotidianas de los trabajadores de la gigantesca economía de plataformas del país.

El galardón, anunciado el 15 de julio, distinguió 35 obras en siete categorías. Fue establecido en 1996 en memoria del escritor Lu Xun, considerado el padre de la literatura china moderna, y lo otorga cada cuatro años la Asociación de Escritores de China.

De la obra en construcción a la poesía

La historia de Wang condensa décadas de esfuerzo. Nacido en 1969 en Jiangsu, abandonó la escuela secundaria por las dificultades económicas de su familia y trabajó durante años en la construcción, el dragado de arena, un puesto callejero y la recolección de chatarra. La lectura, sin embargo, nunca lo abandonó.

Comenzó a escribir en 1988, primero ficción y ensayos, antes de volcarse a la poesía. En 2018, cerca de cumplir los 50, se anotó como repartidor de comida, y siguió capturando momentos poéticos entre pedido y pedido. En tres décadas escribió más de 6.000 poemas.

Desde que empezó a repartir en la ciudad de Kunshan acumuló más de 150.000 kilómetros sobre la moto, un recorrido que se transformó en materia prima literaria. La fama le llegó cuando uno de sus poemas se viralizó en redes sociales, y desde entonces se lo conoce en China como el «poeta del delivery».

Un libro escrito con las voces de sus colegas

Vuelo bajo, su tercera colección, no es solo el testimonio de una experiencia individual. Para su creación, Wang entrevistó a más de 140 repartidores y recogió más de 60 respuestas a través de cuestionarios, con la intención de que los lectores comprendan mejor los desafíos que enfrenta ese ejército de trabajadores que atraviesa las ciudades chinas sin ser visto.

El título mismo condensa su filosofía. «¿Quién dice que desplegar las alas significa volar alto? Volar bajo también es volar», escribe en uno de sus versos, una síntesis de la dignidad silenciosa del trabajo cotidiano que recorre toda su obra.

La economía gig (o economía de plataformas) es un modelo laboral basado en trabajos temporales, flexibles y de corta duración.

Wang lo explicó con una imagen elocuente: la literatura solía ser como una pirámide, con la atención de todos fija en los pocos que estaban en la cima; ahora empieza a mirar hacia la base, dando voz a la mayoría silenciosa.

El premio no cambia los planes

Lejos de abandonar su rutina, el flamante ganador aseguró que seguirá repartiendo. «Financieramente no necesito este trabajo para vivir, pero me encanta el ambiente y me mantiene en forma», declaró, y agregó que planea seguir trabajando hasta los 60 años. «Quiero vivir una vida con los pies en la tierra, y el premio nunca va a cambiar quién soy», afirmó.

Una tendencia que crece en China

La consagración de Wang no es un caso aislado en China. Junto a él fue nominado Chen Hui, un vendedor de puesto de mercado, en lo que se lee como una señal de que el establishment literario chino está abriendo sus puertas a escritores cuya obra surge directamente del trabajo manual y de la economía gig, y no de carreras académicas o profesionales.

En los últimos años, obras como I Deliver Parcels in Beijing, la memoria de 2023 del excartero Hu Anyan que se convirtió en un éxito de ventas, o el ensayo autobiográfico I am Fan Yusu, que arrasó en el internet chino en 2017, consolidaron un fenómeno editorial: la literatura de los trabajadores de cuello azul como ventana a las realidades de la clase trabajadora china.

En un país donde la economía de plataformas emplea a millones de personas, la voz de un repartidor que escribe poemas en los semáforos acaba de alcanzar el punto más alto de las letras nacionales. Y decidió, con toda naturalidad, volver a subirse a la moto.

 

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