Cuju: el fútbol nació en China dos mil años antes de que Inglaterra lo inventara

Mientras el Mundial 2026 se disputa sin la selección china, la FIFA reconoce que el juego más antiguo de patear una pelota surgió en el reino de Qi hace más de dos milenios. Historia de un deporte que fue pasión de emperadores y hoy es argumento de soft power.

El 15 de julio de 2004, en la ceremonia de apertura de la Tercera Exposición Internacional de Fútbol celebrada en Beijing, el entonces presidente de la FIFA, Joseph «Sepp» Blatter, hizo un anuncio que sorprendió a más de un purista: el origen del fútbol está en Linzi, provincia de Shandong, en la actual República Popular China. El organismo rector del deporte más popular del planeta reconocía así al cuju (蹴鞠, literalmente «patear la pelota») como el antecedente más remoto del juego, con cuna en la capital del antiguo reino de Qi. Un año después, una delegación de Linzi fue invitada a la ceremonia de clausura del centenario de la FIFA en Zúrich, donde recibió la certificación oficial como lugar de origen del fútbol. El certificado, firmado por el propio Blatter, honra a China como la cuna de las formas más tempranas del fútbol.

Cómo se jugaba al Cuju

Las primeras descripciones del juego aparecen en las Memorias Históricas de Sima Qian y en las Estrategias de los Reinos Combatientes, que registran que durante los períodos de Primaveras y Otoños (770–476 a.C.) y de los Reinos Combatientes (475–221 a.C.) el cuju se practicaba como entretenimiento en Linzi. Fue durante la dinastía Han (206 a.C.–220 d.C.) cuando emergió una forma competitiva del juego, utilizada para el entrenamiento militar: los estrategas imperiales lo adoptaron como método de acondicionamiento físico para las tropas, se construyeron canchas dentro de los palacios y se redactaron los primeros tratados sobre sus reglas.

La pelota original era una esfera de cuero rellena de plumas y pelo animal. El salto tecnológico llegó con la dinastía Tang (618–907), cuando los artesanos chinos desarrollaron una pelota inflada con aire, con una vejiga animal en su interior, una innovación que Europa tardaría siglos en replicar. Con el balón más liviano cambió también el juego: se instalaron arcos consistentes en una red elevada entre postes de bambú, con una abertura circular por la que había que hacer pasar la pelota sin usar brazos ni manos.

El cuju conocía además modalidades diferenciadas según el contexto. Existían dos formas principales de juego, el «Zhu Qiu» y el «Bai Da». El Zhu Qiu se disputaba habitualmente en banquetes de la corte para celebrar el cumpleaños del emperador o durante eventos diplomáticos, en partidos competitivos entre dos equipos de 12 a 16 jugadores por lado, cada uno con una posición designada.

La época dorada llegó con la dinastía Song (960–1279), cuando en las ciudades comerciales del imperio surgieron clubes organizados, como la célebre sociedad Qi Yun She, que administraba torneos, certificaba niveles de habilidad y cobraba membresías. El juego atravesaba todas las capas sociales: lo practicaban emperadores como Song Taizu, retratado en pinturas clásicas pateando la pelota con sus ministros, pero también mujeres de la aristocracia y plebeyos en las plazas urbanas.

Tiempos de olvido

La decadencia comenzó durante la dinastía Ming (1368–1644), por abandono, y el deporte de dos mil años terminó desapareciendo. Las élites confucianas lo asociaban con la frivolidad urbana, los emperadores manchúes de la dinastía Qing lo desalentaron, y hacia el siglo XIX el cuju era apenas un recuerdo, justo cuando en Inglaterra se codificaban las reglas del fútbol moderno con la fundación de la Football Association en 1863.

Conviene precisar el alcance del reconocimiento de la FIFA: el cuju es el antecedente más antiguo documentado de un juego de pelota con los pies, pero no el ancestro genealógico directo del fútbol asociación. Expertos internacionales se muestran escépticos ante estas afirmaciones, señalan un vínculo tenue entre el juego chino antiguo y el deporte moderno, y cuestionan los motivos de la FIFA para otorgar semejante distinción. Son desarrollos independientes, separados por siglos y continentes.

El emperador Taizu de la dinastía Song jugando cuju con el primer ministro Zhao Pu. Pintura de Qian Xuan.

Nada de eso impidió que Beijing convirtiera la validación en un activo de diplomacia cultural. En 2006 el cuju fue incluido en la primera lista del patrimonio cultural inmaterial nacional de China, y Linzi lanzó clases del deporte en todas sus escuelas primarias y secundarias para revivir la práctica antigua. En Zibo, la ciudad moderna asentada sobre el territorio de la antigua capital de Qi, estatuas de jugadores de cuju decoran las esquinas y afiches en las paradas de colectivo muestran al supuesto antepasado del juego moderno. El museo local del fútbol exhibe el discurso de Blatter en proyección continua, un homenaje que envejeció mal: el dirigente suizo terminaría apartado del cargo por los escándalos de corrupción que sacudieron a la FIFA.

La ironía final duele en China: el país que puede reclamar la invención del fútbol lleva una sola participación mundialista en su historia. Fue en 2002, cuando perdió sus tres partidos de la fase de grupos y quedó eliminado sin siquiera marcar un gol. El ambicioso plan futbolístico impulsado por Xi Jinping desde 2015, que prometía convertir a China en potencia mundial del deporte para 2050, colisionó con escándalos de corrupción que terminaron con condenas a exfiguras como Li Tie y Chen Xuyuan. Mientras el Mundial 2026 se juega en Norteamérica sin presencia del equipo chino, el cuju permanece como recordatorio incómodo: haber inventado el juego no garantiza saber jugarlo.

 

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