El vicecanciller chino Ma Zhaoxu recorrió Washington en una ofensiva diplomática de dos días

El viceministro de Relaciones Exteriores de China visitó Estados Unidos entre el 22 y el 23 de julio por invitación estadounidense, con una agenda que incluyó al Departamento de Estado, la Casa Blanca, el Pentágono y legisladores de ambas cámaras del Congreso. La gira se inscribe en la preparación de la cumbre entre Xi Jinping y Donald Trump prevista para septiembre.

El viceministro chino de Asuntos Exteriores, Ma Zhaoxu, realizó una visita a Estados Unidos entre el 22 y el 23 de julio, a invitación de la parte estadounidense, según informó la embajada china en Washington. La gira, de perfil técnico pero alcance político considerable, se enmarca en el intenso trabajo diplomático que ambas capitales despliegan para preparar el terreno de la visita de Xi Jinping a la Casa Blanca, confirmada para el 24 de septiembre.

Una agenda que cubrió todos los frentes

Lo llamativo de la visita no fue tanto su duración como su amplitud. Ma sostuvo consultas formales con el subsecretario de Estado estadounidense, Christopher Landau, y se reunió con Ivan Kanapathy, director senior para Asia del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, y con Elbridge Colby, subsecretario de Guerra para Asuntos de Política.

La agenda incluyó además un intercambio de opiniones con miembros de ambas cámaras del Congreso estadounidense, tanto del Senado como de la Cámara de Representantes, un canal que Beijing suele cultivar con particular atención dado el peso creciente del Capitolio en la definición de la política hacia China.

Según el comunicado de la embajada china, ambas partes intercambiaron puntos de vista en profundidad sobre la implementación de los consensos alcanzados por los dos jefes de Estado y sobre la promoción de una relación de estabilidad estratégica constructiva entre China y Estados Unidos.

El engranaje detrás de la cumbre de septiembre

El viaje de Ma no es un hecho aislado. Se suma al encuentro que días atrás mantuvieron en Manila el secretario de Estado Marco Rubio y el ministro de Relaciones Exteriores chino Wang Yi, al margen de la reunión de cancilleres de la ASEAN, donde ambos coincidieron en la necesidad de identificar áreas de cooperación para garantizar que la visita de Xi resulte productiva.

La secuencia revela un patrón conocido en la diplomacia sino-estadounidense: antes de que los presidentes se sienten frente a frente, los equipos técnicos recorren minuciosamente la agenda para acotar los márgenes de imprevisibilidad. Ma Zhaoxu, uno de los diplomáticos de mayor rango del sistema chino y con experiencia previa como embajador ante Naciones Unidas, es precisamente el tipo de funcionario que Beijing envía cuando quiere asegurar resultados.

Ma Zhaoxu
La gira, de perfil técnico pero alcance político considerable, se enmarca en el intenso trabajo diplomático que ambas capitales despliegan para preparar el terreno de la visita de Xi Jinping a la Casa Blanca, confirmada para el 24 de septiembre.

Los interlocutores importan tanto como los temas

La elección de los interlocutores en Washington resulta reveladora. La presencia de Elbridge Colby en la agenda es significativa: se trata de uno de los estrategas más asociados a la doctrina de priorizar la contención de China en la planificación de defensa estadounidense, y su participación indica que las conversaciones no se limitaron a los aspectos comerciales o protocolares, sino que tocaron también la dimensión militar y de seguridad, incluido el capítulo más sensible de todos, Taiwán.

El paso por el Consejo de Seguridad Nacional, con Ivan Kanapathy como interlocutor para Asia, apunta en la misma dirección: Beijing buscó cubrir todos los nodos donde se cocina la política estadounidense hacia la región Indo-Pacífico, no solo el Departamento de Estado.

Deshielo con fecha de examen

La relación entre las dos mayores economías del mundo atraviesa una fase de distensión iniciada tras la cumbre que Trump y Xi mantuvieron a comienzos de año en Beijing, donde el mandatario estadounidense extendió la invitación que ahora se concretará en Washington. Pero las fricciones de fondo permanecen intactas: los aranceles y la disputa comercial, las restricciones tecnológicas, Taiwán, el mar de China Meridional y las acusaciones cruzadas que periódicamente sacuden el vínculo.

La ofensiva diplomática china de estas semanas sugiere que Beijing considera la cumbre de septiembre como una oportunidad que no puede desperdiciarse. Queda por ver si el trabajo preparatorio alcanza para blindar el encuentro de los sobresaltos que, en esta relación, nunca escasean.

 

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