China consagró al nuevo obispo de Chifeng en el marco del acuerdo entre la Santa Sede y Beijing

José Chang Yanfeng, de 42 años, fue ordenado obispo de la diócesis de Chifeng, en Mongolia Interior, tras haber sido nombrado por el papa León XIV en junio. Su designación se concretó bajo el Acuerdo Provisional entre el Vaticano y la República Popular China, el mecanismo que desde 2018 regula los nombramientos episcopales en el gigante asiático.

La Iglesia católica en China sumó un nuevo capítulo a la delicada arquitectura diplomática que la une con Roma. El 22 de julio se celebró la ordenación episcopal de José Chang Yanfeng como obispo de Chifeng, en la región autónoma de Mongolia Interior, según informó Vatican News. El nombramiento había sido realizado por León XIV el pasado 15 de junio, tras la aprobación de su candidatura en el marco del Acuerdo Provisional entre la Santa Sede y la República Popular China.

Un perfil formado entre China y Corea del Sur

Monseñor Chang Yanfeng nació el 4 de abril de 1984 en Beizhen, en la provincia nororiental de Liaoning, lo que lo convierte en uno de los obispos más jóvenes del episcopado chino. Su formación combinó el ámbito local con la experiencia internacional: cursó estudios en el Seminario Teológico de Shenyang y luego se licenció en Teología Bíblica en la Universidad Católica de Daejeon, en Corea del Sur.

Fue ordenado sacerdote el 18 de noviembre de 2010 para la diócesis de Chifeng, donde desarrolló toda su carrera eclesiástica. Entre 2010 y 2013 trabajó en la curia diocesana mientras servía en diversas parroquias, fue párroco de la Catedral de Chifeng y posteriormente de Lindong, y desde octubre de 2021 se desempeñaba como administrador diocesano, el cargo desde el cual gobernaba de hecho la diócesis que ahora encabezará formalmente.

Su designación se concretó bajo el Acuerdo Provisional entre el Vaticano y la República Popular China, el mecanismo que desde 2018 regula los nombramientos episcopales en el gigante asiático.

El acuerdo que ordena la relación entre Roma y Beijing

La consagración de Chang se inscribe en el mecanismo establecido por el Acuerdo Provisional sobre el nombramiento de obispos, firmado en 2018 y renovado sucesivamente desde entonces. El pacto —cuyo texto completo nunca fue hecho público— buscó resolver el problema histórico de la doble estructura eclesial china: la iglesia oficial, supervisada por el Estado a través de la Asociación Patriótica Católica China, y las comunidades llamadas «clandestinas», fieles a Roma pero sin reconocimiento gubernamental. 

Bajo el esquema vigente, los candidatos al episcopado surgen de un proceso en el que participan las autoridades chinas, pero la palabra final corresponde al Papa, que aprueba o rechaza cada nombramiento. Cada nueva ordenación concretada por esta vía —como la de Chifeng— funciona, en la práctica, como una señal de que el canal entre el Vaticano y Beijing sigue operativo, más allá de las tensiones periódicas y de las críticas de quienes consideran que el acuerdo concede demasiado al Partido Comunista en materia de libertad religiosa.

Chifeng, una diócesis de frontera

La diócesis de Chifeng se ubica en Mongolia Interior, una vasta región autónoma del norte de China que limita con Mongolia y que históricamente fue territorio de misión. Se trata de una zona periférica del catolicismo chino, con comunidades pequeñas y dispersas, donde la figura del obispo cumple un rol decisivo para sostener la vida pastoral. Que la sede haya estado gobernada por un administrador desde 2021 ilustra un fenómeno extendido en China: la gran cantidad de diócesis vacantes o sin obispo titular, uno de los problemas estructurales que el acuerdo sino-vaticano intenta, gradualmente, resolver.

Para la Santa Sede, cada consagración de este tipo representa un paso más en la normalización de la vida eclesial china. Para Beijing, una muestra de que la religión puede encuadrarse dentro de su política de «sinización» de los cultos. Y para los católicos chinos —unos cuantos millones repartidos entre estructuras oficiales y comunidades informales—, la esperanza de que sus pastores dejen de estar atrapados entre dos lealtades.

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