La bomba de tiempo previsional de China: 320 millones de trabajadores gig que no aportan al sistema

La economía de plataformas absorbe a los desplazados por la crisis inmobiliaria, la automatización y el desempleo juvenil, pero agrava el desfinanciamiento de un fondo de pensiones que, según proyecciones oficiales, podría agotarse hacia 2035. El dilema expone las tensiones estructurales del modelo laboral chino.

La mayor fuerza laboral flexible del mundo es, al mismo tiempo, un colchón económico y una amenaza fiscal para China. Según estimaciones del China New Employment Forms Research Center, el número de personas en empleo flexible, sin contrato permanente de tiempo completo, trepará este año a 320 millones, desde los 280 millones de 2025. Se trata de una cohorte casi tan numerosa como la población entera de Estados Unidos, que ya representa alrededor del 44 por ciento de la fuerza de trabajo china.

El amortiguador de la crisis laboral

La economía gig se convirtió en el gran refugio del mercado laboral chino. La crisis inmobiliaria eliminó millones de puestos en la construcción, las manufacturas recortan personal por la automatización y la presión de costos derivada de los aranceles, la sobrecapacidad y las guerras de precios, y una cifra récord de graduados universitarios encuentra cada vez menos oportunidades formales. El resultado es una migración masiva hacia las plataformas de reparto y transporte que alcanza, de manera creciente, a jóvenes educados y trabajadores de cuello blanco.

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La mayor fuerza laboral flexible del mundo es, al mismo tiempo, un colchón económico y una amenaza fiscal para China.

Los testimonios recogidos por Reuters ilustran el fenómeno. Un extester de software de 30 años que perdió su empleo en el sector tecnológico maneja hoy un auto de aplicación en Beijing, de siete de la mañana hasta cerca de la medianoche, para ganar unos 6.000 yuanes mensuales, alrededor de 885 dólares, descontados el alquiler del vehículo y la carga eléctrica. «Los que antes tomaban taxis ahora tienen que manejarlos», resumió.

La sobreoferta, además, empieza a erosionar los ingresos. Los 16 millones de repartidores de comida vieron subir su ingreso promedio 11 por ciento en 2025, pero los salarios de los 37,2 millones de conductores de aplicaciones cayeron 1,8 por ciento, y al menos cuatro ciudades, incluida Shenzhen, emitieron advertencias de «saturación» del mercado de transporte por plataformas desde abril.

Un sistema previsional al límite

El costado más preocupante es fiscal. Un informe de la Academia China de Ciencias Sociales de 2019 advirtió que el fondo nacional de pensiones podría agotarse hacia 2035 por el envejecimiento poblacional; una actualización de 2024 estimó que la postergación de la edad jubilatoria podría retrasar ese agotamiento entre ocho y nueve años. El problema es que la expansión del empleo flexible, donde los aportes a la seguridad social son optativos, socava las dos puntas de la ecuación: menos contribuyentes hoy, más demandantes de asistencia mañana.

La economía gig se convirtió en el gran refugio del mercado laboral chino, mientras la crisis inmobiliaria eliminó millones de puestos en la construcción y las manufacturas recortan personal por la automatización.

Los números oficiales son elocuentes. Un informe gubernamental de diciembre de 2025 reveló que, a fines de 2024, apenas 70,6 millones de trabajadores flexibles estaban inscriptos en el esquema previsional urbano de empleados. La mayoría de los migrantes rurales aporta montos mínimos solo al régimen básico, cuyas prestaciones pueden ser de apenas 163 yuanes mensuales. De los doce trabajadores gig entrevistados por Reuters, solo dos aportaban voluntariamente; el resto prefería ahorrar por su cuenta.

Mientras tanto, el costo recae sobre las arcas públicas: las transferencias del gobierno central para cubrir los déficits de la seguridad social se triplicaron en la última década hasta unos 3 billones de yuanes, duplicando su peso en el gasto total hasta el 10 por ciento, según un análisis de Gavekal Dragonomics.

El dilema de Beijing

Las salidas disponibles son todas incómodas. Gravar con aportes obligatorios a trabajadores de ingresos inestables, muchos de ellos migrantes rurales, resultaría regresivo y políticamente costoso. Nomura sostiene que la prioridad urgente es facilitar la incorporación de los trabajadores flexibles al sistema de seguridad social de empleados, mientras que asesores gubernamentales sugieren fortalecer el sector formal de servicios para generar empleos de mejor calidad.

El trasfondo, advierte HSBC, es generacional: una cohorte entera está creciendo sin la seguridad y la confianza que gozaron sus padres, un factor que deprime el consumo y retroalimenta el problema de fondo de la economía china, su debilidad estructural de demanda interna.

 

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