La semana pasada arribó al país el primer embarque de peras frescas procedentes de China, con un lote de 17,5 toneladas proveniente de la provincia de Hebei. Valuado en 25.420 dólares, el envío despertó cierta sorpresa en el sector frutícola argentino, dado que Argentina es uno de los principales productores y exportadores de peras del hemisferio sur.
Sin embargo, desde la Cámara Argentina de Fruticultores Integrados (CAFI) relativizaron el impacto de la importación. Según declaró Miguel Sabbadini, gerente de la entidad, se trata de una variedad asiática que no compite directamente con la producción local: “Son peras que al verlas parecen manzanas, son bastante raras, y están destinadas a un nicho de mercado específico”, explicó el referente del sector al diario Clarín.
Pese a este primer envío desde China, Argentina continúa siendo un importante proveedor de peras para el gigante asiático. Según datos de CAFI, el país exporta anualmente entre 600 y 700 toneladas al mercado chino. No obstante, Sabbadini remarcó que las exigencias sanitarias del protocolo chino son más estrictas y generan costos adicionales para los exportadores locales.
En 2024, la región del Alto Valle de Río Negro y Neuquén produjo unas 645.000 toneladas de peras, de las cuales 345.000 fueron destinadas a la exportación hacia más de 60 destinos internacionales, consolidando al sector como uno de los pilares del complejo frutícola argentino.
Desde el punto de vista comercial, el arribo de peras chinas representa más una curiosidad de mercado que una amenaza real para la producción nacional. La importación abre una nueva ventana de diversidad para los consumidores argentinos, interesados en productos exóticos o poco habituales, sin alterar el equilibrio del sistema productivo local.

