La marca canadiense de ropa deportiva debió pedir disculpas y borrar toda su campaña después de que un instrumento japonés apareciera en un evento supuestamente dedicado a celebrar la cultura china.
Lo que debía ser una celebración de la cultura y el bienestar chino terminó en crisis reputacional. El 30 de mayo, Lululemon organizó un festival de yoga en la Gran Muralla China con más de 2.000 asistentes que extendieron sus mats sobre las piedras del monumento más icónico del país. El evento contó con la presencia del reconocido actor chino Zhu Yilong y una compañía de percusión. El problema: un experto en percusión publicó un video en Weibo argumentando que el instrumento ejecutado era un taiko japonés y no un tambor tradicional chino, señalando que ambos «nunca deberían confundirse».
La controversia se propagó rápidamente y el tema acumuló más de 50 millones de visualizaciones en Weibo en cuestión de días, con usuarios exigiendo disculpas y rectificaciones.
Por qué el error fue tan grave
El contexto lo explica todo. Exhibir un tambor japonés en la Gran Muralla —símbolo de resistencia nacional— presentándolo como instrumento chino tradicional no solo engaña al público, especialmente a los jóvenes, sino que también activa memorias dolorosas vinculadas a la invasión japonesa durante la Segunda Guerra Mundial.
Japón es un tema particularmente sensible en China dada la larga historia de animosidad entre ambos países. En el siglo XX, el ejército imperial japonés invadió y cometió atrocidades en territorio chino, un punto neurálgico del llamado «siglo de humillaciones». El sentimiento antinipón ha crecido en años recientes con el auge del hipernacionalismo bajo Xi Jinping.
Un académico consultado por el Global Times sintetizó el riesgo: aunque muchos elementos de la cultura japonesa tienen raíces chinas por los intensos intercambios históricos entre ambos países —y los límites a veces son difusos—, el uso indebido de símbolos culturales puede desencadenar reacciones públicas severas, especialmente en un período de alta sensibilidad bilateral.

Lululemon eliminó de su sitio web y redes sociales todo el contenido relacionado con el evento. La compañía reconoció que «por limitaciones en nuestro conocimiento profesional, no pudimos identificar plenamente las controversias potenciales desde el inicio», y admitió que debió haber sido «más cautelosa y exhaustiva en la planificación y revisión del proceso». El grupo de percusión HIIKO también pidió disculpas por separado y suspendió el uso del instrumento.
Muchos usuarios de redes sociales chinas no quedaron conformes con las declaraciones. «En un lugar con tan fuerte carga simbólica como la Gran Muralla, cada detalle debe resistir el escrutinio», escribió un usuario en Weibo.
Una lección más para las marcas occidentales en China
El incidente pone de relieve los riesgos reputacionales que enfrentan las empresas en su mercado de mayor crecimiento. No es la primera vez que marcas occidentales protagonizan controversias geopolíticas en China: en 2021, H&M, Nike y otras firmas de indumentaria enfrentaron boicots por su postura frente al uso de trabajo forzado en la producción de algodón en Xinjiang.
El caso Lululemon agrega una dimensión nueva al manual de errores de marca en Asia: no alcanza con tener buenas intenciones declaradas. En un mercado donde el nacionalismo cultural es un factor de consumo activo, la ignorancia sobre simbolismo histórico puede resultar tan costosa como una declaración política explícita.

